María Vasco, una vida dedicada a la marcha

La vida está repleta de momentos en los que tomar una decisión u otra puede cambiar para siempre el destino. Incluso aunque esa decisión y todo el esfuerzo que ella conlleva, no den los frutos esperados. Un día, de repente, en el momento más inesperado, mientras estás viendo Barrio Sesamo tranquilamente en el sofá de casa, el simple hecho de tocar un botón u otro del mando a distancia puede cambiar tu destino. Es la historia de María Vasco. Del salón de su casa a convertirse en la única medallista olímpica que ha conseguido un metal para el atletismo español.

Seguro que María recuerda aquel momento como si fuese ayer. Diez años, ninguna necesidad de complicarse la vida y un abanico de opciones para pasar su infancia. Pero ella no era cómo las demás. Haciendo zapping descubrió la que iba a ser su gran pasión para siempre. Y lo hizo de la mano, cosas de la vida, de una mujer con la que compartía ciudad, calle y escalera; Mari Cruz Díaz. La marcha la enamoró, la encandiló. Y ella, generosa siempre en el esfuerzo, estuvo a la altura en la respuesta. Cinco Juegos Olímpicos después, puede presumir orgullosa de su sacrificio, de cada gota de sudor, de cada kilómetro marchado.

Atlanta, Sidney, Atenas, Pekín y Londres. Entre medias, ocho mundiales. Veinte años entre la primera cita y la última. Cuatro lustros de pundonor y superación personal. Dos décadas que le valieron para convertirse en la mejor atleta española en unos Juegos Olímpicos a nivel de resultados. A los trece años se concentró por primera vez con la selección. Ella, ingenua, pensaba que aquello sería sentarse a reflexionar y concentrarse mucho en la competición aunque lo que realmente recuerda de aquella fecha, es que fue en diciembre y ahí, en sus trece años, paso el primer cumpleaños lejos de su familia.

Vasco

En sus primeros JJOO, en continente americano, María finalizó en vigésimo octava posición en los diez kilómetros marcha. Cuatro años después, en las antípodas, en una fecha que guardará a fuego en su corazón, María Vasco tocó el cielo. De cinco continentes, de todo un planeta, solamente tres personas pueden colgarse una medalla en una prueba olímpica. Y ella, a base de esfuerzo y pundonor, no fue una de las afortunadas. Porque la suerte en estos casos no existe. Lo que consiguió, lo ganó en el asfalto.

Cuando empezó a marchar, María le hizo una promesa a sus padres: no se retiraría sin una medalla. Y en el escenario más insospechado, cuando menos lo esperaba, o no, pues cada entrenamiento se exigía más y más, se coronó. Su objetivo era conseguir un diploma olímpico. Una meta que se quedó corta un poco más allá de la mitad de la carrera. Hasta ese momento, María iba en decimoquinta posición. Con el paso de los kilómetros, fue recogiendo atletas y atletas hasta ponerse cuarta. La miel en los labios en la entrada al Estadio Olímpico.

Pero la miel fue más dulce que nunca. Un cámara de televisión le dijo que era tercera, que una atleta local había sido descalificada. No era consciente de lo que había conseguido. Tercera. Algo que ninguna atleta ha conseguido igualar hasta la fecha. Tuvo un día entero para valorar lo que había conseguido hasta que subió al pódium de Sidney. Ella, en lo primero que pensó, después de tantos meses de duro sacrificio, fue en comerse una hamburguesa. Era lo que más le apetecía saborear después de tanto esfuerzo.

María siguió marchando. Marchando y ganando. Incluso tuvo tiempo de ser tercera y ganar otra medalla de bronce en el Mundial de 2007 en Osaka. Un año más tarde, en Pekín, volvió a estar cerca de ganar medalla. Quedó quinta, y consiguió un diploma. Pero ese ya no era el objetivo para ella. Aquella ya le sabía a poco. María siguió compitiendo hasta los Juegos Olímpicos de Londres. Fue su última gran cita. La última gota de sudor. Su última gran marcha.

Un día, de repente, entrenando, decidió que todo aquello había terminado. Su madre había fallecido y a ella, marchar, su vida, ya no le ponía la sonrisa en la cara. Fue el punto y final a una vida de sacrifico y superación. El punto y final a la única atleta española que se ha colgado un metal en unos Juegos Olímpicos. El punto y final a un ejemplo de superación y de amor por lo que uno hace.

@Adrimariscal

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