El Euskadi: fútbol en el exilio

El fútbol vasco tiene algo especial. Tienen magia sus estadios coquetos y resguardados, quizá para evadir el aire frío que azota cada invierno, o para acercar el aliento incesante del hincha a la nuca del jugador. Mágico es también el olor a hierba mojada, barro en muchas ocasiones. Mágicos son los cánticos que retumban en los cimientos de los campos incluso antes de que los protagonistas pisen el verde. Mágica fue la creación de su selección, y sobre todo sus primeros años.

Su nacimiento, en 1930, fue materializado con dos encuentros ante el combinado catalán, ambos saldados con victoria, primero en Barcelona y después en Bilbao. Años más tarde, y con la llegada de la guerra, el primer lehendakari, José Antonio Aguirre, aprovechó la supremacía de los clubes de su región para formar un potente conjunto que recaudase fondos para los exiliados vascos. A finales de marzo de 1937 se presentaron en San Mamés los integrantes de un equipo, el futuro Euzkadi, que partiría con el fútbol como vehículo para ganarse la simpatía (y los cuartos) de los espectadores extranjeros.

1930 eusk

Su primer destino fue París, donde vencieron a los dos equipos más ilustres de Francia: El Racing de París y Olympique de Marsella. El fútbol alegre con el que deleitaron a los galos contrastaba con la triste coyuntura que los jugadores estaban viviendo. Dejaban atrás sus vidas, que ardían ante la impotencia de quien sólo puede ayudar a los suyos alejándose de ellos. Tras el país vecino vinieron muchos otros destinos, como Moscú o Praga.

Empeoró la situación con la caída de Bilbao, cuna del equipo, que quedaba ahora en manos franquistas. Con esta caída se derrumbaban las endebles esperanzas que los deportistas tenían de volver a casa. No sólo se le cerraron las puertas de su hogar, sino que se vieron obligados a alejarse aún más. La mayoría del equipo puso rumbo a América para seguir luchando por su causa.

Muchos recibieron suculentas ofertas de grandes clubes europeos, pero la unión que existía entre ellos y el convencimiento de que la causa merecía la pena, les mantuvieron unidos. Tras jugar en Cuba, se les permitió participar en la Liga Mayor de México de la temporada 1938-39, donde se proclamaron subcampeones tras otro combinado fraguado en España, el Asturias. Con el fin de la temporada, y sobre todo de la guerra, algunos futbolistas regresaron a su patria, mientras que muchos otros permanecieron en México, donde vivieron para siempre.

Así fue como la Selección del País Vasco se convirtió en el Euskadi, una familia que espantó los fantasmas de la guerra dando patadas a un balón. Fue así también como el fútbol español siguió respirando. Tuvo que ser en el extranjero, ya que el campeonato nacional quedó paralizado durante estos años. Así fue como, en definitiva, algo tan grande como el fútbol demostró, una vez más, que ni siquiera las bombas pueden pararlo.

@Rosadito14

esukadi paris

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