La pasión y la muerte del fútbol

La ley del fútbol. Intensos y violentos. Da igual que seas niño, mujer o  anciano, si no les sigues la corriente te llevan por delante. Ultras, cada equipo tiene su nombre, pero todos son ultras. “Personas” radicales que tienen otro concepto de este deporte cuyo significado lo llevan a la violencia. Ellos lo llaman pasión y sentir los colores más que nadie. Es verdad, lo sienten. Los que más. Pero no respetan a nadie, ni al rival ni a las personas que tienen al lado que solo quieren ir al campo y disfrutar de su equipo.

Los ultras de los equipos de fútbol son tenidos demasiadas veces como los aficionados auténticos, adeptos inquebrantables, que están con el equipo cuando gana y cuando pierde, que lo siguen juegue en Primera o descienda a Segunda. Ellos mismos se sienten defensores de las esencias, dispuestos a llamar traidores a los que no viven con su intensidad, necesitados de enemigos externos como argamasa que refuerce su coherencia interna.

Viven entre ellos en un mundo paralelo al de los demás. Se apoyan. Se engañan. Se creen que la manera de defender a su equipo es pegándose contra los adversarios, más bien contra los ultras, el día que se juega el partido. Es más, hay casos donde quedan previamente al partido para pegarse y dar un espectáculo ajeno a lo que es este deporte. No hay que irse muy atrás en el tiempo para recordar un episodio así. Hace un año, Jimmy murió ahogado en el Manzanares. No era un aficionado más del Deportivo, sino que era un hincha de Riazor Blues, grupo ultra de extrema izquierda que junto a los demás quedaron con el Frente Atlético, los seguidores ultraderechistas del Atlético de Madrid, a orillas del Manzanares. Una batalla campal que recordaba a los enfrentamientos de época que en vez de usar espadas y catapultas, usaban palos y piedras y todo aquello que encontraban.

Los grupos ultra son una realidad en nuestro fútbol, desgraciadamente. Mezclan la política con el fútbol. Eligen una ideología. Hacia un lado o hacia otro. Es el punto de arranque, el nacimiento, para un ultra en el mundo del fútbol. A partir de ahí, se van alistando en la peña en cuestión personajes cercanos a ese pensamiento, al mismo tiempo que se pone en marcha la guerra con las peñas que apuestan por otra ideología diferente.

Muchos presidentes los ayudan económicamente, porque saben que el apoyo que demuestran día a día, partido a partido, es “necesario”, aunque en algunos casos deberían preguntarse si compensa en relación al deterioro de imagen de club. Porque no todo es tan bonito como parece. En muchos casos radicales, también hacen otras cosas aparte de animar, como pelearse y destrozar todo lo que pillan a su paso, e incluso en el fútbol español hemos vivido situaciones que han involucrado asesinatos. No obstante, hay presidentes que han acabado con este movimiento. Saben que dan una mala imagen al club y todo aquello que genera violencia han decidido alejar de su estadio. Florentino, presidente del Real Madrid, y Laporta, ex-presidente del Barcelona, decidieron prohibir la entrada a estos personajes . Tras varios destrozos y altercados durante años decidieron dar el paso. Tarde, pero lo han hecho. Laporta ha tenido que soportar amenazas de muerte hacia él y su familia por parte de los Boixos Nois, hinchas del Barça, contratando protección policial durante un larga temporada.

Los grandes equipos se pueden permitir el expulsar a sus más fieles seguidores, pero los demás equipos de la Liga Española, por más que ocurren casos de violencia, no lo hacen. No compensa. Es verdad, que Cerezo, presidente del Atlético de Madrid, y sabiendo que es un equipo grande, ha dicho públicamente que no quiere violentos en su estadio y que los iba a expulsar; pero, a día de hoy y con todo lo que ha pasado, todavía no ha ocurrido. Lo que ha hecho es incrementar la seguridad en los días de partido considerado de alta peligrosidad. Los guardias cachean a dichos individuos antes de atravesar los tornos y acceder al Vicente Calderón. Sabe que el apoyo de la afición más radical es crucial para ganar los partidos y acabar con ellos supone un duro golpe para el equipo. Son el número doce.

Sin embargo, tras lo sucedido con Jimmy el Deportivo de La Coruña no ha expulsado para siempre a los Riazor Blues. Lo que hicieron fue suspender la entrada a estos individuos durante varios partidos. Su ausencia en los partidos se hizo notar ya que son los únicos que animan durante los noventa minutos. Los jugadores, además, comparecieron ante los medios que “A ver si terminan pronto la suspensión porque se les echa en falta”.

Ni los Boixos Nois ni los Ultra Sur pueden acudir a los estadios donde va a jugar su equipo pero nadie les impide , es imposible, que estén en los alrededores o viajen a aquella ciudad donde se disputa el partido. Se hacen notar allá donde van. El pasado miércoles se celebró el partido de Champions que enfrentaba al Real Madrid y al Malmö, en dicha ciudad sueca. Cincuenta hinchas radicales blancos se habrían citado en plena calle antes del encuentro con aficionados radicales del cuadro sueco y se habrían presentado a la cita con bates de béisbol. La pelea se habría saldado con un total de unas veinte detenciones de aficionados españoles y una persona hospitalizada.

Si los clubes no hacen nada para parar este tipo de violencia, tiene que entrar Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional. Sí, porque ya que es “su liga” debe velar por la seguridad de los aficionados y de los futbolistas. El mundo del fútbol está manchado por los incidentes protagonizados por estos personajes. Es verdad que son los que más animan desde las gradas y son los que llevan los espectaculares tifos en partidos importantes pero muchos cánticos alientan a la violencia e insultan a los máximos rivales a través de ellos. Hay que recordar que miles de familias acuden al estadio con sus hijos pequeños, y no tan pequeños, para disfrutar de un ambiente sano e irse a casa con una experiencia inolvidable aunque haya perdido su equipo.

Los aficionados de verdad son aquellos que sufren, lloran, ríen, cantan hasta quedarse sin voz, animan, sudan, saltan… disfrutan de cada minuto que pasa en el partido. Si pierden no lo pagan con nadie pegando a los rivales sino que se van frustrados a casa e incluso algunos ni duermen.  Para muchos el fútbol es su vida y te hace olvidar de los problemas durante ,al menos, noventa minutos. No manchemos el fútbol con estos individuos porque ellos no representan este deporte.

@IreneGmez17

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