Trasplante hacia una nueva vida

El protagonista de la siguiente historia no es mundialmente conocido por haber salido victorioso en los cuatro Grand Slam. Tampoco lo es por haber hecho lo propio en la Copa Davis representando a su nación. De hecho, es probable que tampoco sea mundialmente conocido. Pero el desarrollo de los diferentes acontecimientos que han tenido cita en su vida provoca que, gracias a su intensa lucha diaria desde que tenía 15 años, ésta sea digna de mención. Y es que este personaje puede presumir de haber ganado uno de los partidos más complicados a los que uno puede llegar a hacer frente: un cáncer, un perverso rival al que ninguna persona querría enfrentarse.

Hablamos de Ariel Baragiola, un deportista argentino que a los cinco años de existencia ya había descubierto cuál sería su pasión para siempre: el tenis. Lo practicaba día a día. Se le daba muy bien, le gustaba y a cada semana que pasaba a la siguiente se entregaba más. Él y su amiga la raqueta parecían encontrarse en una perfecta simbiosis. Sus expectativas crecían, y sus sueños de ser profesional y competir por un puesto en el ranking ATP parecían estar cada vez más cerca. Pero un día todo cambió. Todo lo que había hecho y por lo que había luchado parecía irse al traste por un segundo: tras una época con ciertas molestias en la zona renal, con tan sólo 15 años, recibe una de las peores noticias que un chaval de su edad puede afrontar. El cáncer parecía haberse adueñado de uno de sus riñones y, tristemente, su periplo por el tenis, con el fin de lograr recuperarse, debía darse por concluido.

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Comenzaba para él una época muy dura en su vida. Ya nada iba a volver a ser lo mismo. Por suerte pudo volver a jugar, los tratamientos a los que se vio sometido parecían estar haciendo efecto, pero esto no fue más que un mero espejismo. Por desgracia, su situación fue empeorando con el paso de los días y no quedaba otra que buscar soluciones alternativas. Ariel no conseguía ver la luz al final del túnel.

Ya con 20 años, vista la situación, su médico le comunica que su único puente hacia la supervivencia pasa por un trasplante de riñón, o de otro modo iba a ser muy probable que no superase este reto que la vida le había puesto por delante. “Me dijo que tenía que pensar la posibilidad de hacerme diálisis y pensar en un trasplante. Ahí me cambió la vida totalmente. Fue un cimbronazo. A esa edad no esperás tener una noticia así”, afirmaba. Afortunadamente no le costó encontrar donante: su madre, que por gracia divina era compatible, pudo compartir un poco de vida con su hijo, y darle la oportunidad de continuar disfrutando de ella. Por fin aparecía un pequeño atisbo de esperanza.

Ocho meses después de la fatal noticia, diálisis mediante, llega el día del trasplante. Ariel estaba nervioso, obviamente, había tenido que sufrir mucho tanto física como psicológicamente para llegar hasta allí. Pero este era el día en el que todo cambiaría para él. La batalla comenzaba a ganarse, por fin, y esta vez sería de manera definitiva.

La operación fue un auténtico éxito y desde entonces su vida dio un giro radical de 180º. Si antes todo lo veía gris ahora parecía ser de luz y color. La vida le acababa de brindar una segunda oportunidad que, por supuesto, no iba a desaprovechar. Su carrera profesional en el mundo del tenis había concluido, ya no iba a lograr adentrarse en el ranking ATP, pero gracias a su nueva condición una puerta se abrió para él. Este luchador de la vida vio en los Juegos Mundiales para Deportistas Trasplantados una oportunidad para desplegar su tenis, sin sentirse inferior por su pequeño problema.

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Participó por primera vez en el año 1997 y desde entonces no ha dejado de lucir en ninguna edición tanto su drive como su revés, al igual que su potente saque y su poderosa volea, frente a todos los rivales que se le han ido poniendo por delante. El bueno de Ariel no defraudó. Y es que sus actuaciones le han llevado, ni más ni menos, a obtener la medalla dorada en todas y cada de sus participaciones, individual o dobles, a excepción de una ocasión, en la que obtuvo medalla de plata. Una actuación extraordinaria que le ha permitido obtener un total de 15 medallas de oro, ¡y las que le quedan por ganar!

Ariel Baragiola nos demuestra, una vez más, que la vida es difícil y que de las decisiones que uno tome su futuro tenderá en una dirección u otra. Él decidió luchar, luchar y luchar, y lo más importante: nunca tirar la toalla. No fue capaz de lograr su sueño, las circunstancias así lo quisieron. Pero el destino es caprichoso. De lo que durante tantos años fue su calvario, su quebradero de cabeza, finalmente pudo extraer algo positivo con lo que hacer de su vida una nueva y mejor. Actualmente, gracias a su posición, es el presidente de ADETRA (Asociación de deportistas trasplantados) buscando así que personas en una situación similar puedan continuar practicando deporte de competición sin ningún problema.

“Para una persona que juega de chico al tenis el sueño es ser profesional, representar a tu país, jugar la Copa Davis. Después de toda mi situación personal, obviamente estaba acabado y de repente que me den la posibilidad de viajar a un mundial y traerme una medalla es el sueño cumplido que tenía de chico”.

@iggonzalezm

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