Eric Moussambani, una victoria al servicio de la fe

Para participar en unos Juegos Olímpicos se precisa de un poderoso, constante y perseverante entrenamiento. Todo deportista, independientemente de las circunstancias o del lugar en el que se desarrolle, va a dar el todo por el todo para alcanzar la óptima forma y así llegar en el mejor momento posible a una cita de tal envergadura como son unas Olimpiadas. Sin ir más lejos, la historia que protagonizó el guineano Eric Moussambani “El Anguila”, en los JJ.OO de Sidney 2000, representó un claro ejemplo de que mediante el esfuerzo, el sacrificio y la superación uno puede hacer frente a todo tipo de adversidades. Fue un claro ejemplo de que si luchas por algo, no hay nada imposible.

Quien le iba a decir a Eric cuando siendo joven soñaba con ser atleta y correr en unos Juegos Olímpicos que terminaría viendo cumplido su sueño. Desgraciadamente no fue tal como a él le hubiese gustado, seguro. Todo comenzó cuando, en vísperas de realizarse la ansiada selección de aquellos afortunados que representarían a su nación y acompañasen al resto de países en los JJ.OO del año 2000, se quedaba sin plazas para lo que él siempre había querido, el atletismo, sin embargo, en última estancia, quedaba una vacante libre en un deporte hasta entonces desconocido para él: la natación. Sin dudarlo un momento aceptó la plaza y así daba comienzo una de las historias más bonitas del deporte, con el afán de superación como principal protagonista.

Su sueño estaba a punto de verse cumplido, pero todavía le quedaban un par de peldaños para poder alcanzar la cima. Debido a la pobreza en la que creció, el nadar en una piscina no había ni mucho menos formado parte de su infancia, por lo que la prueba ya desde el principio se antojaba algo difícil. No tenía ni idea de por dónde empezar. Pero a pesar de ello, luchó y luchó por lo que siempre quiso: representar a su país en unos Juegos. Y lo iba a conseguir; 8 meses, este fue el tiempo que estuvo entrenándose y preparándose día y noche para alcanzar un estado de forma óptimo y así lograr estar a la altura el día de la verdad. Un entrenamiento en el que no precisó de nadie más. Él sólo se bastaba y se sobraba. Él y una piscina de un hotel de apenas 20 metros de longitud fueron suficientes.

lejos

El día que tanto tiempo llevaba esperando ya casi podía acariciarlo. Cuando se quiso dar cuenta ya estaba desfilando en la ceremonia de inauguración junto al resto de sus compañeros y los demás deportistas pertenecientes al resto de naciones. Una experiencia que, seguramente, jamás olvidará. El día llegó. Ya se encontraba dispuesto a competir, situado en los aledaños de la temida piscina olímpica, cuando, de pronto, la vislumbra y queda totalmente asombrado con su tamaño y dimensiones, sintiendo como el miedo se apoderaba de sus pensamientos. Los 100 metros le parecían una auténtica locura ya que él nunca en sus entrenamientos había llegado a recorrer, ni siquiera, tantos metros de manera consecutiva. Si la proeza ya era complicada de por sí, con esto se le complicaba aún más si cabe.

Ya se disponía a escuchar la señal que le permitiría iniciar la carrera, situado en paralelo junto a sus dos competidores, cuando de repente estos hacen una salida en falso y quedan descalificados. Se acababa de quedar solo. Tenía por delante 100 metros, 50 de ida y 50 de vuelta, que, seguro, fueron los más largos de su vida. El atleta escucha la señal de salida, esta vez la definitiva, y sin pensárselo un segundo se zambulle en el agua.  Mediante todo un alarde de esfuerzo y superación trata de alcanzar el otro extremo de la piscina. Alcanza los 50 metros, distancia que ya se le hizo larga al guineano, y a la hora de dar la vuelta y cambiar de dirección, debido también a su técnica poco rudimentaria se apreciaron ligeras muestras de mofa del público asistente. Sin embargo, hay algo que los espectadores tardaron en percibir. El esfuerzo que había desembolsado apenas le permitía terminar la prueba y, cuando tan solo le faltaban 15 metros para concluir, por poco perece en el intento.

cartelCada brazada se iba haciendo cada vez más y más dura, y sus extremidades parecían no dar más de sí. Pero ante estas situaciones se realizan las grandes gestas. Ahora, el público que ya metros atrás comenzaba a darse cuenta de lo que estaba sucediendo, no cesó en animar al joven atleta guineano para que lograse finalizar la prueba y, entre lágrimas, pudiese salir de ese pesado agua que poco a poco le iba estremeciendo. Sacando fuerzas de flaqueza, fuerzas transmitidas entre la fe y el aliento del público, recorre los metros finales extenuado por lo que acababa de realizar y concluye la prueba en el momento que consigue agarrar con sus manos el mismo bordillo desde el que saltó 1 minuto 52 segundos y 72 milésimas antes.

Esto es lo que tardó, su propio récord. Acababa de batir un “récord” mundial: el del nadador más lento de la historia de unas Olimpiadas, con un tiempo que duplicaba los tiempos estándar establecidos por el resto de nadadores. Pero a él le daba igual. Él ya había hecho su proeza y además acababa de batir su propia marca personal, la más relevante de todas, un ejemplo de superación basado en el trabajo y la perseverancia.

Después de su demostración un comentarista inglés lo apodo como “El anguila” y desde entonces muchos son los que le conocen por ese nombre. Con los juegos ya concluidos, Eric Moussambani no cesó en sus entrenamientos y siguió trabajando para mejorar como nadador. Tal fue su trabajo que llegó a bajar su marca  por debajo de los 60 segundos. El atleta acababa de demostrar a todo el planeta que “el que la sigue la consigue”. Eric un día tuvo sueño y hasta que no lo viese cumplido no iba a desistir. En ocasiones, no es suficiente con tener las cualidades para realizar algo que ansias. Hay veces que se requiere algo más. Como bien nos ha demostrado Eric, si uno quiere o desea algo, independientemente de aquello que busque impedir que sea logrado, uno debe ir a por ello. Eric lo hizo y, a pesar de un final un tanto agridulce, se convirtió en una auténtica figura para su país, llegando a ser en Londres 2012 entrenador del equipo de natación de Guinea.

@iggonzalezm

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s