Álvaro Galvis, pedaladas como forma de superación

Día sí, día también la vida te va poniendo a prueba y uno tiene que salir a demostrar lo que vale. Y es que para muchos la vida es eso, una serie de retos que diariamente uno se va encontrando en su camino y a los que debe hacer frente. Pero no solo es eso. La esencia de la misma se encuentra en la manera en la que uno decide enfrentarse a ellos y, consecuentemente, luchar y esforzarse para lograr superarlos. Para eso son retos. Y si no, que se lo digan a Álvaro Galvis. Pregúntenle qué habría pasado si el día que, por circunstancias del destino, perdió su pierna izquierda, hubiese desistido de luchar.

El reto al que Álvaro Galvis fue expuesto no era un reto cualquiera. Álvaro, colombiano de nacimiento y criado en la localidad de Floridablanca, pasó gran parte de su vida pegado a una bicicleta, con la que entabló una entrañable amistad de esas que duran para toda la vida. Desde que nació en el año 1970 cualquiera diría que vino al mundo con una bajo el brazo. No tuvo ni mucho menos una infancia fácil, la difícil situación en la que se encontraba su país no lo permitía, pero ello no impidió que luchase por ver cumplidos sus sueños. Sin embargo, lo peor para él no lo vivió en su infancia. Lo peor de la batalla todavía estaba por llegar.

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Es en 2003, con treinta y tres años, cuando ve cómo el mundo se le viene encima. Tras varias semanas con molestias, acude al médico y lo peor que le podía ocurrir, sucede: se le diagnostica un cáncer de huesos (condrosarcoma), en su pierna izquierda. Sumido en una profunda depresión, nublado por la incertidumbre de su situación, Álvaro no ve la luz al final del túnel. Cree que nunca saldrá de esta. Tras un año de tratamiento médico, y de mucho sufrimiento, se le consigue extraer el tumor, pero no con el resultado esperado. La herida parece no cerrar y hubo que esperar más de un año para que hubiese cicatrizado del todo. No había sido suficiente.

Las molestias no cesaban y el tener una vida aparentemente normal parecía ser tarea imposible. Algo había que hacer costase lo que costase. Y, tristemente, el precio a pagar iba a ser demasiado caro. En el año 2007 los peores presagios se confirmaban: el cáncer contra el que llevaba cuatro años luchando no quería marcharse. Ello conllevó que este luchador tuviese que enfrentarse al mayor reto que, probablemente, su vida le pondría por delante: su pierna izquierda, por riesgo a que el cáncer pudiese llegar a otras partes del cuerpo, debía ser amputada. Fue un duro golpe, sin duda, pero para él, como había ocurrido el resto de su vida, sólo fue un reto más del que este maravilloso deportista salió airoso. ¡Y de qué manera!

La vida de Álvaro Galvis podría definirse con una coloquial frase: “Si la vida te da limones, haz limonada con ella”. Álvaro exprimió sus limones al máximo para hacer, no una limonada cualquiera, una limonada que le permitió alcanzar la cúspide del ciclismo. Utilizaba la bicicleta a modo de terapia, tanto física como psicológica, para recuperarse de este varapalo. Pero su afán de superación, ligado al espíritu competitivo que siempre le acompañó y, sobretodo, a la ayuda de su hermano Eduardo; le abrieron las puertas del cielo deportivo. Su historia comenzaba a escribirse.

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Su primer reto, en este caso deportivo, fueron los II Juegos Paralímpicos Nacionales de Cali en 2008. Su estreno no pudo ser mejor: cuatro medallas y la sensación de que él y su vieja amiga, la bicicleta, iban a lograr grandes cosas de la mano. Y, obviamente, no se equivocaban. Los éxitos no cesan y en 2010 obtiene medallas de oro y bronce en la Eurocopa de Ciclismo Paralímpico disputada en República Checa, en la ciudad de Praga. Ya estaba todo preparado para su gran año. El 2011 le esperaba, y Álvaro Galvis no iba a fallar a su cita con la historia. El escenario, el Campeonato Mundial de Ciclismo Paralímpico, realizado en Roskilde, Dinamarca.

Allí obtiene el título más importante de toda su carrera como deportista, además del logro más importante del ciclismo paralímpico en Colombia: la medalla de oro, en la categoría C2. Pero estos logros y reconocimientos no son suficientes para ser una estrella. No todo es luz y color en la vida de Álvaro. Desgraciadamente, su vida sigue siendo más bien humilde y no cambiará si no es mediante la mejora de calidad de vida de su familia, su mujer y sus hijas, quienes conforman su principal prioridad. Su discapacidad le ha servido de puente para una mejor vida, y no descansará hasta conseguirlo del todo.

Así es él, un auténtico guerrero que nunca ha dejado de luchar por lo que quiere. Ayer fue su salud, hoy es la de su familia. Y como ha demostrado, siempre suele conseguir lo que se propone. Es la historia de un auténtico héroe.

@iggonzalezm

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