El Descenso del Sella, magia y fantasía sobre una canoa

Si hay algo que caracteriza y ha caracterizado siempre a nuestra España, es la atractiva y variada naturaleza que en ella se encuentra. La costa española representa sin duda alguna un claro ejemplo a este respecto; desde paisajes paradisíacos en los que las vírgenes playas de arena blanca son las principales protagonistas, hasta escenarios montañosos en los que mar y montaña se combinan para construir parajes cuya belleza es difícilmente alcanzable.

Dentro de estos últimos emerge la figura del río Sella, quién, gracias a la magnificencia y grandeza de su descenso, iniciando su recorrido en la localidad leonesa de Oseja de Sajambre y concluyendo en la asturiana Ribadesella, lleva recogiendo en los 15 últimos de sus 66 km de recorrido, de Arriondas a su desembocadura, las múltiples ediciones del Descenso Intencional del Sella que llevan más de 50 años sucediéndose. Pero, ¿qué es lo que hace a este río y su descenso tan especiales? La belleza del recorrido, así como la anchura y navegabilidad del río, en canoa, piragua o kayak, permiten que esta competición sea una de las más bonitas y atractivas de ver para el espectador del piragüismo y del mundo del deporte en general.

Sella. anne

Los orígenes de la prueba datan del año 1929 cuando Dionisio de la Huerta, quién a día de hoy es considerado como su fundador, decide realizar una excursión en piragua junto a unos amigos por los Picos de Europa. El fin de la excursión no era otro que ir desde su casa en Coya hasta Infesto, a través del río Piloña. Lo que en un principio parecía que iba a ser una mera anécdota no se quedaría ahí. Tras 5 kilómetros río a través en unas dos horas y media de descenso, tanto disfrutó durante el recorrido que convenció a sus amigos Alfonso Argüelles y Manés Fernández para ir más allá y prolongar el descenso, y la siguiente vez alcanzar Arriondas. Y así fue. Sus hazañas no pasaron desapercibidas y poco se tardó en hacerse eco de ellas.

Las aventuras de Dionisio, debido a la novedad y a la osadía que entonces suponían, daban que hablar en todos los alrededores, y sobre todo en Infesto. No se hablaba de otra cosa más que de aquel descenso que este joven asturiano un día realizó con sus amigos. Y no iba a ser para menos. Esta excursión acababa de convertirse en la primera piedra de una maravilla cuya grandeza iría aumentando año a año gracias a la importancia que fue adquiriendo, y que hoy día conocemos como el Descenso Internacional del Sella.

Los dos años posteriores, 1930 y 1931, son considerados como las dos primeras ediciones, en las cuales los tres amigos realizaron el descenso, desde Coya hasta Arriondas en 1930, y hasta Ribadesella en 1931. El Descenso del Sella como tal daba comienzo y con él, toda la historia que le acompañaría.

Estas dos primeras ediciones no fueron más que unos descensos simbólicos que servirían como molde para lo que el futuro depararía. Fue la siguiente, la de 1932, en la que el espíritu competitivo se aparecería por vez primera y en la que podría decirse que comenzaba a haber algo en juego. Además, se fijó el recorrido definitivo, el cual se mantuvo con el paso de los años hasta llegar al presente. Se estableció que el punto de partida sería Arriondas y el de llegada Ribadesella, el pueblo situado más en la costa del mar Cantábrico.

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En esta primera prueba participaron trece palistas procedentes de diferentes puntos cercanos a la región, por lo que adquirió el carácter de Descenso Provincial. Todavía no era una prueba de gran envergadura, ni mucho menos, pero ya en 1935 fueron incorporándose palistas no asturianos y su importancia se iba a ir extendiendo por toda la península. Ya era una prueba de carácter nacional y únicamente la Guerra Civil que acechó nuestro país pudo frenar su progresión. Durante los años 1936 y 1943 no se celebró ninguna edición, pero en agosto de 1944 la prueba volvió a sus andadas de manera ininterrumpida hasta el día de hoy.

Fue en 1951 cuando por primera vez se inscribían competidores extranjeros, italianos, portugueses y franceses para ser exactos; el acontecimiento ya había rebasado las fronteras españolas. Cuatro años más tarde ya “cruzaba el charco” y se convertía nada más ni nada menos que en un evento que iba más allá del continente europeo. Lo que en su día se convirtió en un descenso simbólico estaba alcanzando dimensiones mundiales. Su fama no dejaba de crecer y ello ha permitido que hoy en día sea considerado como uno de los acontecimientos más importantes, si no el que más, de todo el piragüismo.

El primer sábado de agosto, siempre después del día 2, ha ido recogiendo sucesivamente las diferentes ediciones que se han ido celebrando. Numerosas categorías (Cadetes, Junior, Senior, Veteranos y Centenarios) con diferentes modalidades (K1, K2, C1, C2 y RR) que permiten que año tras año sean más de 1000 personas las que participan y compiten en la prueba desde hace más de veinte años. Españoles, daneses, belgas, sudafricanos… cualquier nacionalidad vale para ser partícipe de la fiesta que supone este acontecimiento tan significativo y en la que son muchos los que buscan estar presentes.

@iggsuker1

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