Entrevista a Juan Dual: “No sirve de nada morir feliz sin haberlo compartido con nadie”

Juan Dual es un valenciano que se ha sometido a tres cirugías para evitar el cáncer. El gen que provoca la enfermedad está propagado en su familia y desde pequeño ha tenido el objetivo de ayudar. Su viaje a Japón y sus experiencias cercanas a la muerte le han dado fuerza para emprender una inspiradora aventura con la que pretende cambiar su mundo, y así poder cambiar el de las personas que le rodean. 7000 kilómetros en bicicleta a través de Sudamérica, previo paso por Nicaragua, donde será voluntario.

El insomnio veraniego a veces depara grandes sorpresas, sobre todo si el transistor está encendido. La radio me regaló unos minutos mágicos. En el momento que escuché a Juan Dual hablar sobre su aventura, cerré los ojos y visualicé un diminuto hombre a lomos de su bicicleta dispuesto a devorar la cordillera andina. Todo ello para luchar contra el cáncer, no sólo económica, sino emocionalmente. El mensaje de Juan es muy claro: “No somos nada si no ayudamos a los demás”. La breve entrevista radiofónica se quedó en la superficie, yo he querido ahondar más en el alma de este aventurero, que se prestó inmediatamente. Aquí tenéis el resultado.

Pregunta: ¿Cómo era Juan de pequeño?

Respuesta: Soy de Benimaclet. Un barrio obrero a la salida de Valencia. Es como un pueblo y lo conservan como tal. Los niños juegan en la calle, hay casas bajitas y la gente comercia en cada esquina. Nos conocemos entre todos.

Yo era muy curioso, siempre intentando aprender cosas nuevas y muy activo. “El paseante” me llamaban, siempre castigado en la esquina de clase. Era muy cotilla y le daba mil vueltas a las cosas.

benimaclet

P: ¿En qué momento sabes que estás enfermo?

R: En esa fase de la vida cuando empiezas a tener conciencia propia, fue justo ahí cuando me detectaron el gen tras hacerme varias pruebas. Fue muy bueno que lo detectaran en ese proceso de conocimiento propio que tiene todo el mundo, he ido creciendo con ello.

P: ¿Aceptaste las cartas que te habían tocado?

R: Tampoco es que las aceptase, es que para mí no había otra opción. Cuatro de mis hermanos también tienen el gen, al igual que mi padre. Mi abuela murió de cáncer de colon. Es como si naces en una familia en la que todos son miopes y a ti también te toca serlo, pero a una escala mucho más grande.

P: ¿Cómo fue tu adolescencia?

R: Yo siempre he ido a mi bola. Nunca me ha gustado destacar y una de las cosas que más me está costando de toda esta aventura que empieza ahora es que la gente me conozca. Siempre he dejado las cosas para los demás y he intentado ser feliz estando a mis rollos. Era de los frikis de clase, el heavy que llevaba pelo largo, pinchos y juegos de rol. Me he construido mucho a mí mismo.

P: La carrera de enfermería, ¿vocación?

R: Siempre he sido un desastre en las letras, aunque ahora resulta que la gente dice que escribo bien, es curioso… Pero las asignaturas de letras eran un sufrimiento. En cambio al llegar las de ciencias disfrutaba mucho, con biología, matemáticas, física… Con ellas me divertía. Luego vas pensando poco a poco qué te gustaría hacer. A mí me encantaba la física teórica y la astrofísica pero no tanto como para estudiarlo, ya que es muy complicado. Fisioterapia y medicina eran mis opciones. En ese momento me dicen que justo antes de meterme de lleno en la Selectividad tengo que pasar por quirófano. En el postoperatorio, con 18 años, me doy cuenta de lo que he pasado. Estuve cerca de fallecer y perdí ligeramente la conciencia durante los cuatro días posteriores.

P: ¿Cómo recuerdas aquellas semanas?

R: Tres semanas en un hospital para alguien como yo son terribles. Quieres empezar a caminar y no puedes.  Mis amigos me traían comics para leer pero no conseguía concentrarme.

P: Vamos, que eres un mal enfermo…

R: ¡Soy de los peores enfermos que puedes encontrar! Y ahora que soy enfermero soy incluso peor, porque sé que no puedo hacer ciertas cosas, y las hago igual.

P: No creo que te hayan recomendado hacer 7000 kilómetros en bici, ¿no?

R: Pues no. Pero yo nunca hago lo que me recomiendan.

P: Y ahí es cuando surgen las mejores vivencias…

R: Sí… o no… Bueno pero siempre aprendes algo seguro.

P: Es entonces cuando empiezas la carrera.

R: Estaba saliendo con una chica de Barcelona y decidí marcharme a estudiar enfermería allí. ¿Por qué no? Al terminar de estudiar, estuve trabajando en una clínica. Bajaba a Valencia para hacerme las pruebas. Hasta que en diciembre de 2011 me dicen que mi estómago está lleno de pólipos que pueden desarrollar el cáncer. Me di cuenta de que había que tomar decisiones muy rápido. Fue una “hostia” de realidad.

P: ¿Cómo te sentías tú de salud?

R: Yo era un gordo feliz. Hacía lo que quería. Se puede vivir muy bien sin colon. Me pegaba mis fiestas y me iba de festivales volviendo a las diez de la mañana, o a las tres de la tarde… Era una vida normal y corriente.

P: Tras la operación, ¿cómo es la rehabilitación?

R: Me sentía inútil. Estuve yendo al psicólogo porque no podía trabajar tras haber adelgazado 50 kilos. No le veía salida a nada, no notaba ningún avance, estaba bloqueado. En medio del proceso de recuperación me llegó un regalo increíble. Unos amigos de mis padres estaban de misioneros en Japón y me fui dos meses a vivir allí.

P: ¿Qué aprendiste en Japón?

R: Aprendí a desaprender. Dejé de estar pendiente de todo lo que me rodeaba. Me dejé llevar, y me fue genial. Yo antes vivía cabreado y volví totalmente relajado. Me quité todo lo que llevaba encima. Fue allí cuando me di cuenta de que la gente puede vivir con muy poco, pensé que si esta gente podía vivir con tan poco, yo también podía. El viaje llegó en el momento indicado.

Japon

P: ¿Luego volviste a Valencia?

R: Volví a Alicante, a casa de mi abuela que estaba enferma. Allí empecé a correr y descubrí que era terapéutico, fue entonces cuando empezó mi contacto con el deporte. Pero mi reto no es correr cada vez más rápido, sino disfrutar de las carreras y acabarlas. Al correr campo a través tienes que estar pensando en no caerte y ver donde pones el pie, así que no piensas en nada más, es la desconexión total.

P: ¿Qué sacrificios diarios tienes que hacer por tu situación?

R: No beber alcohol ni gas, cosa que no me afecta mucho. Controlar la dieta, no comer nada de grasas ni fritos. Lo que a vosotros os sienta mal, a mí mucho peor. Cuando salgo a cenar suelo detectar los restaurantes que me van a sentar mal. Mi olfato se ha vuelto muy fino.

P: ¡Te has convertido en un superhombre!

R: Sí, a Chicote le vendría muy bien mi nariz.

P: ¿Cómo surge la mudanza a Reino Unido?

R: Hace un año una amiga de Barcelona se vino a North Yorkshire, al volver me dijo que el Tour de Francia pasaba por aquí y que necesitaban gente para trabajar. Estoy en Masham, un pueblecito perdido en el norte. La gente suele ir a grandes ciudades, pero cuando voy a Londres a las dos horas estoy echando de menos esto. Soy un hombre de campo. A mí me das una cama, un ordenador  y las zapatillas para correr, y soy feliz. 

P: Ahora que te hemos conocido mejor, cuéntanos en qué consistirá tu aventura.

R: El 1 de septiembre me voy a Nicaragua, donde ayudaré como voluntario en la escuela La Esperanza de Granada. Tras cinco meses allí corriendo varias pruebas, abandonaré el país tras correr la Fuego y Agua, un trail running que parte de la isla de Ometepe. Los organizadores me han pagado la entrada. La carrera es el 6 de febrero de 2016. Según acabe de correr los 25 kilómetros comienzo mi viaje. Quiero pasar mi cumpleaños (13 febrero) cruzando la frontera de Nicaragua, me parece un buen plan. Intentaré llegar a Ushuaia en 6 meses, aunque mis planes están para destrozarlos.

Habrá días que haga muchos kilómetros en llano, pero otros días avanzaré poco, en los Andes por ejemplo. Serán seis meses en principio, y si son menos, pues mejor. Porque la mejor parte del viaje es volver y compartir lo vivido.

P: ¿Y si son más?

R: Pues bueno, intentaré que no. Pero todo puede ser. ¡Es que este viaje es una jodida animalada! Son 7000 km.

P: ¿Y ante semejante animalada, has hecho alguna preparación física específica?

R: No mucho. Un amigo que es entrenador personal me enviará ejercicios cuando esté por allí. Yo le enviaré los vídeos con la camiseta de su gimnasio puesta, a modo de colaboración.

P: ¿Y mental?

R: La mía propia. He estado dos veces a punto de morir en quirófano. ¿Acaso hay mejor preparación mental que esa?

P: ¿Qué material llevarás en el viaje?

Me han donado un saco que es una pasada, muy ligero. También llevaré una tienda de campaña, las alforjas, dos camisetas, las zapatillas de trail, otras impermeables, la comida, el eBook, el móvil y el Mac. ¡Va a pesar más el ordenador que la tienda!

P: ¿Cómo reaccionaron tus familiares, novia y amigos cuando les contaste tu intención de realizar esta aventura?

R: Tomo decisiones que siempre llevo a cabo. Mis amigos ya están cansados de hacerme fiestas de despedida, me he estado moviendo tanto que ya ni se despiden. Cuando me fui a Japón no sabían si iba a volver. Es precioso lo que tengo, porque me he dado cuenta de que por muy lejos que me vaya y tarde lo que tarde en volver, es como si no hubiese pasado nada. Por eso siempre vuelvo a casa, por muy bien que esté solo. No sirve de nada morir feliz sin haberlo compartido con nadie. running pose

P: ¿Entonces tu objetivo en este viaje es volver y compartirlo?

R: Absolutamente. La finalidad de esta aventura no es hacerme el héroe, sino que la gente pueda ver que no importa lo que te pase puedes conseguir hacer auténticas barbaridades. Quiero inspirar y ayudar a la gente.

P: ¿Has recibido muchas muestras de compasión a lo largo de tu enfermedad?

R: Con mis amigos de Barcelona sí. Porque ellos nunca se habían enfrentado a algo así. Muchas veces encontraba a mí mismo acompañándolos a ellos, porque yo lo veía totalmente normal. En cambio, mi grupo de amigos de toda la vida y mi familia son unos impresentables, y se toman todo esto con humor. Tengo un “Mister Potato” tatuado, con el colon saliendo de la barriga. Lo de los tatuajes empezó de cachondeo con mis amigos, ahora tengo varios que ilustran los órganos que me faltan, incluso ellos se han tatuado también.

P: ¿Te gustan las despedidas?

R: Pues no lo sé. No gestiono bien esas emociones.

P: Visualiza tu último día en Europa, ¿qué sientes?

R: Nada.

P: ¡Venga hombre! Algo tendrás que sentir…

R: De verdad que no. Es como cuando paso por quirófano. Todos los que me rodean están más nerviosos y alterados que yo. Yo voy día a día. Que pase lo que tenga que pasar…

P: ¿Qué es lo que más temes de tu viaje?

R: Yo creo que nada. Si tiene que pasar algo, pasará. Igual que puede pasar aquí.

P: ¿Cómo llevas la soledad?

R: Bien. Además mucha gente de allí se ha puesto en contacto conmigo para conocerme. Una familia de Santiago de Chile me ha invitado a conocer a su hija, que tiene leucemia, eso es una puta pasada. Eso no es estar solo. Y ahora todo es mucho más fácil. Estoy hablando contigo a través de la pantalla y parece que estamos al lado.

P: ¿Te esperabas que gente totalmente desconocida se volcase contigo de esta manera?

R: Para nada. Me emociona mucho, me entran ganas de poner música a tope y empezar a gritar como un loco. Es un subidón, es maravilloso. No eres consciente de lo que puedes mover hasta que empiezas a ver que a la gente le cala tu mensaje.

P: ¿Existe posibilidad de fracaso?

R: No. Esa palabra no existe. Mucha gente me pregunta cuánto dinero quiero recaudar. Pues mira, yo no pienso en eso. Aunque sea un euro, ya será más de lo que había ayer para destinar a la investigación contra el cáncer. Fracaso es una palabra muy fea. Mi única intención es cambiar mi mundo. Con mi mensaje te toco a ti, luego tú se lo contarás a otra persona y esta a su vez a otra. Así se pasa de cambiar mi mundo a cambiar el de muchos más.

P: ¿Tienes miedo a no volver?

R: No. Sé que voy a volver. Yo quiero volver.

Entrevista

[En Revista Idaraya estamos volcados con Juan y su causa. Si también es tu caso y quieres ayudar, aquí te dejamos el enlace al crowdfunding y a sus redes sociales. Crowdfunding: Inspirando desde Yorkshire hasta Ushuaia Twitter: @dualcillo Facebook: Juan Dual Web: Runnife

@revistaidaraya

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