Derek Redmond, una carrera muy paternal

Dice el tópico que la historia siempre recuerda a los ganadores y, por consiguiente, nadie se acuerda de los perdedores. Esta circunstancia puede acentuarse aún más si hablamos de unos Juegos Olímpicos, como por ejemplo los acontecidos en nuestro país hace ya más dos décadas, concretamente en Barcelona allá por el año 1992. Sin embargo, no siempre es así. Y es que en el triunfo como en el fracaso, a veces surgen momentos únicos e irrepetibles que se mantienen en el recuerdo de la gente durante varios años o, incluso, toda una vida. Momentos especiales que con el paso del tiempo se han convertido en auténticos fenómenos del deporte olímpico mundial.

La historia de Derek Anthony Redmond (1965, Buckinghamshire) es la historia de una derrota con sabor a victoria. Una derrota que fue tan hermosa como la mejor de las victorias. ¿Que por qué? Porque en esta ocasión, y aunque parezca algo fuera de lo común, el ganador no cruzó la meta en primer lugar.

1

De orígenes trinitenses -cuna de grandes velocistas-, Derek descubrió su gran afición por correr desde muy pequeño. Las calles de Shutlanger (Northamptonshire, Reino Unido) fueron testigo de sus primeras carreras, siempre bajo la atenta mirada de su más fiel valedor: su propio padre. Entrenando solo o siendo cronometrado por éste, el joven demostró con creces que su condición para el deporte -ligada a una fuerte competitividad– podía subsanar su preocupante flaqueza en los estudios. Antes de decantarse por el atletismo, probó con la natación y el baloncesto en el Roade School Sports College, instituto donde años más tarde sería bautizado el gimnasio con su nombre.

El crecimento de Derek era meteórico, por lo que decidió trasladarse a Birmingham para continuar con su progresión y no frenar la que podía ser una carrera brillante en el atletismo. Tony Hadley, su entrenador desde entonces, le ayudaría a dar ese salto definitivo a la escena internacional que se consumaría en los Europeos de Stuttgart de 1986. Con tan sólo 21 años, acabó en un meritorio cuarto lugar en su prueba fetiche, los 400 metros, y se colgó la medalla de oro en la prueba de relevo largo. Apenas un año después, sus actuaciones en los Mundiales de Roma 87 (5º en los 400m y plata en el 4×400) fueron su trampolín para asentarse en la élite del atletismo internacional.

Sin embargo, el futuro tan prometedor que se le auguraba al joven atleta británico empezó a truncarse a raíz de una serie de lesiones que se agravaron en los Juegos Olímpicos de Seúl de 1988. El maldito tendón de Aquiles era su punto débil. Una vulnerabilidad que, al igual que al valeroso personaje de la mitología griega del que toma nombre, le impidió conseguir su tan anhelado objetivo.

2

De nuevo un Campeonato Mundial, esta vez en Tokio en 1991, le permitió redimirse del martirio que le estaban causando las lesiones y que, desgraciadamente, le habían hecho pasar por el quirófano más de una decena de veces en tan poco tiempo. Fue en Japón donde logró la mayor victoria que le ha dado el atletismo en su corta pero intensa carrera. El novato equipo británico de relevo largo, integrado por John Regis, Roger Black, Kriss Akabusi y él mismo, logró superar por tan sólo cuatro centésimas al intratable equipo estadounidense. Una proeza al alcance de muy pocos. Su cabeza desde ese momento solamente estaba en Barcelona. Era algo más que una obsesión, para él era su vida. Su auténtico sueño. Y quería formar parte de él fuera como fuese.

Una nueva operación apenas cuatro meses antes de la gran cita de Barcelona no iba a frenar a Derek. Era imposible que pudiera salir mal algo para lo que había estado preparándose durante ocho largos años. Pero, irremediablemente, ocurrió. El 3 de agosto de 1992, el abarrotado Estadio Olímpico de Montjuïc albergaba las semifinales de los 400 metros lisos. Los cuatro primeros atletas en llegar a la meta se clasificarían directamente para la gran final. Entre los grandes favoritos, Quincy Watts, Steve Lewis o el propio Redmond -quien acreditaba una de las mejores marcas entre los atletas presentes-. Tras el pistoletazo de salida, los ocho ‘cuatrocentistas’ arrancaron veloces de sus puestos de salida. Todo marchaba correctamente para Derek. Se encontraba entre los tres primeros cuando encaró la recta. Sin embargo, a falta de unos 200 metros para la meta escuchó un chasquido y seguidamente sintió un fuerte pinchazo en la parte posterior de su pierna derecha.

Tiempo después reconocería en una entrevista que de forma ‘estúpida’, en ese momento, pensó que había recibido un disparo. Nada más allá de la realidad. Lo que había ocurrido para desgracia del británico era que se acababa de desgarrar el músculo isquiotibial. Traducido en un lenguaje más coloquial: un fuerte tirón bastante grave y muy doloroso.

3

En ese momento se desplomó en el suelo. La carrera y el sueño olímpico se habían acabado para él. Desde allí vio como sus competidores enfilaban la última recta y, entonces, para sorpresa de todos, decidió levantarse y seguir corriendo. El dolor era insoportable, la rabia y la frustración se tornaron en lágrimas, pero las ganas de terminar la carrera podían con eso y con mucho más. Cojeando y entre gestos de dolor, lo único que se pasaba por su cabeza era acabar, acabar y acabar. Lo que no sabía Derek en ese preciso momento era que iba a contar con la mejor ayuda posible para lograr su propósito.

De repente, un espectador infringió el muro de seguridad y fue corriendo hacia él sin pensárselo dos veces, esquivando al personal que intentaba detenerlo. Derek sintió una mano en su hombro y una voz familiar que le dijo: “Puedes parar. No hace falta que hagas esto”. Era su padre Jim. Pese a ello, Derek no desistió y le pidió que le ayudase a colocarse en la calle 5. En el peor momento de su carrera, su principal figura paterna y también su protector, no podía fallarle. “Bueno, vamos a terminar esta carrera juntos”. Y juntos compartirían los últimos metros de trayecto hasta la meta. Sin duda, una imagen que provocó en el público una reacción instantánea. Los ensordecedores aplausos y la enorme ovación de los más de 65.000 aficionados puestos en pie era más que merecida.

No fue el mejor día de su vida ni mucho menos. Derek no había ganado ninguna medalla ni establecido ningún récord mundial, pero su gesta sería recordada para la eternidad. Había demostrado ante todo el planeta una gran lección de vida: A veces en la vida las cosas no salen como las has planeado y acabas chocándote contra un muro de piedra. Entonces tenemos un problema. El secreto es no considerarlo un problema, sino un reto”.

3

Pero el fatal resultado acontecido en Montjuïc tuvo su recompensa años más tarde. Tras dejar el atletismo por culpa de la tan odiosa lastra de las lesiones y motivado por Frank Dick (jefe de los entrenadores del equipo británico en el 92), Derek decidió compartir su experiencia directamente con el mundo. De esta forma, el que una vez llegó a ser uno de los mejores velocistas del panorama internacional, a día de hoy imparte conferencias motivacionales desde su experiencia personal como atleta. La experiencia única de ver su sueño roto delante de él. Tanto es así que incluso el presidente de los EEUU, Barack Obama, quiso mencionarle en su discurso en 2009, elogiando su duro trabajo y su espíritu de superación.

Sin duda, la historia de Derek Redmond nos hace plantearnos que nada es imposible de conseguir, que sólo hay que intentarlo. Y es que como reivindica el eslogan de la marca deportiva Nike –que en el momento de la prueba portaba Jim en su gorra-, lo importante no es pensarlo sino hacerlo: “Just do it” (“Sólo hazlo”). Por ello, si él no se rindió, tú tampoco deberías. Recuerda: Nunca te rindas.

“El dolor físico es temporal, pero la gloria dura eternamente”. Derek Redmond

@Diego_Alonso23

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s