Lo que pudo ser y no fue

¿Qué es el éxito? Cuando hablamos de que alguien ha triunfado en algo, necesariamente puede decirse que el éxito está ligado a su vida. Satisfacción personal junto a confianza en uno mismo permiten que esto sea posible. Pero, ¿qué hay de aquellos que se quedan a las puertas? Aquellos que, por circunstancias concretas o situaciones adversas, no alcanzan ese “éxito” como tal y, por tanto, acaban cayendo en el olvido por eso mismo, por no terminar de triunfar. La historia de Jack Crawford, un tenista australiano de los años 30, puede asimilarse con esta idea. El éxito parecía estar llamando a su puerta pero, tristemente, nunca terminó de alcanzarlo.

Cuando digo esto no quiero decir que Crawford no triunfase, porque sí que lo hizo. Sin embargo, el no ganar partidos decisivos que le hubiesen mantenido en la cúspide histórica del mundo del tenis, provocó que con el paso de los años sus hazañas fueran igualadas y, o superadas por multitud de raquetas y, por consiguiente, fueran quedando en el olvido. En total fue capaz de ganar seis títulos de Grand Slam pero, de la misma forma que logró ganar esas finales, pudo perder otras seis. De las doce finales que disputó, siete de ellas fueron consecutivos; un hecho de gran trascendecia ya que hoy día solo ha sido superado por Roger Federer.

caraJohn Herbbert “Jack” Crawford, nuestro protagonista, nació en marzo de 1908. Creció en una época convulsa en la que las consecuencias de la IGM acechaban al mundo en su totalidad, y su país, Australia, no fue excepción. Se dedicó al tenis desde pequeño, se le daba muy bien y veinte años después de su nacimiento tuvo la suerte de poder disfrutar una época en la que el tenis estaba viviendo una auténtica época dorada. Los grandes jugadores se sucedían y él era uno de ellos. Los años 30 fueron sin duda alguna los años en los que este tenista australiano desplegó todo su potencial.

Cada partido suyo se vivía con gran intensidad y emoción, y una vez comenzó a cosechar triunfos parecía que nunca cesaría de hacerlo. El año más destacado para él fue 1933. Fue el año en el que allí donde iba triunfaba, sus partidos se contaban por victorias y todo jugador que se enfrentaba a él temía salir derrotado. Comenzó a batir records y parecía no tener techo. Su primera victoria fue el Open de Australia. Era su tercer título consecutivo ya que en 1931 y 1932 también obtuvo el galardón de campeón. Nadie nunca antes lo había conseguido.

Pero la temporada seguía. Su siguiente parada iba a ser Francia. El escenario, Roland Garros, su segundo Grand Slam a disputar. Hasta entonces ningún tenista no nacido en tierras galas había sido capaz de ganar el título, pero Crawford llegó, clavó su bandera australiana y se consagró como campeón del torneo. La final no parecía que fuese a ser fácil a priori. Ante sí tenía a Henri Cochet, quien nada más y nada menos buscaba lograr su noveno Grand Slam y sexto Roland Garros. Pero no fue así. El tenista australiano se impuso por 8-6/6-1/6-3 obteniendo así el título francés por vez primera en su carrerag

Su fama comenzaba a no tener fronteras. Su presencia en Wimbledon, su siguiente y tercera parada en cuanto a Grand Slams se refiere, se veía con gran expectación desde todos los rincones del mundo porque se le consideraba como uno de los grandes iconos y favoritos del torneo. Y es que Jack no iba a defraudar, o por lo menos hoy no. Venía de hacer historia, siendo el primer tenista en ganar en Australia y Roland Garros de manera consecutiva, y como no podía ser de otra forma hizo lo mismo en la final del torneo inglés. Obviamente esto supuso otro record: era el primer en ganar los tres primeros grandes títulos de la temporada consecutivos.

Ya solo le quedaba una parada, el Open de USA. Si ganaba lograría la temporada perfecta, algo que, hasta entonces, no solo nadie había sido capaz de lograr; es más, nadie se imaginaba en aquella época que alguien fuese capaz de lograr tal hazaña. Su marcha por el torneo fue impecable, y sin demasiadas complicaciones alcanza la final. Todo parecía idílico y maravilloso para el bueno de Crawford, pero en este partido todo cambió. Comenzó un tanto titubeante y cedió el primer set. Tras esto el australiano ofreció su mejor versión y fue capaz de remontar el partido. Vencía por dos a uno y la historia estaba a un único set de distancia. Pero nadie podía imaginarse lo que iba a suceder después.

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Lo que aconteció condicionaría la carrera deportiva de Jack por siempre, y jamás volvió a ser el mismo. A poco de comenzar el cuarto set sufre un desvanecimiento debido a unas más que aparentes dificultades respiratorias. En aquella época no había médicos como ocurre en la actualidad, por ello tuvo que tratar de recuperarse por sí mismo. Poco a poco logró sentirse algo mejor y pudo continuar el partido, pero sus evidentes dolores y molestias a la hora de respirar no le permitieron volver a ser el mismo. En cualquier otro encuentro se hubiese retirado, pero aquel día no, aquel era su partido. Sin embargo la suerte no estuvo de su lado. Tras esto perdió los dos siguientes sets por 6-0 y 6-1 y Crawford se quedó a un set de las puertas del éxito. Una auténtica pena.

Su tren acababa de pasar y lo había perdido en su cara. Ya nunca tendría una oportunidad similar. Desde siempre sería recordado por lo que dejó de ganar que lo por lo que ganó realmente. De hecho, alcanzó la final en los tres primeros Grand Slam del año siguiente, 1934, y perdió las tres. Había disputado siete finales consecutivas y solo fue capaz de ganar tres. Así fue Jack Crawford, un tenista famoso por los partidos que no ganó, y por los trofeos que nunca llegó a levantar. A pesar de ello, la historia siempre tendrá un hueco reservado para él.

@iggsuker1

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