Sonrisa sobre ruedas

Hay veces en las que la vida decide que tu momento se termina, a veces antes de lo esperado. Es entonces cuando el ser humano demuestra de qué está hecho, si asume su destino y lo cambia para bien, o si deja que se apodere de su vitalidad y ganas de vivir. Ningún chaval de 18 años es preparado para afrontar un revés de la vida, menos si es uno de semejante calibre como el que vamos a contar. Pero de igual manera, pocos logran lo que tras este duro golpe ha conseguido nuestro protagonista.

 Nuestro joven y centro de esta historia es un andorrano que escribió su nombre en la historia por ser el atleta más joven en participar en unos juegos olímpicos de invierno con 17 años. Su gesta sucedió en los XIV Juegos Olímpicos de Invierno de Sarajevo en 1984. La capital Bosnia supondría el alfa y el omega de su carrera, pues al año siguiente, una pista de esquí le cambió la vida de nuevo, pero no como el esperaba. Albert Llovera, era una promesa del esquí, que descendía a toda velocidad por la nieve, y que igual de rápido vio truncada su vida. Sufría un grave accidente y el resultado solo podía haber sido peor si hubiera terminado con su vida. Una lesión medular a la altura de la dorsal le quedaba postrado en una silla de ruedas.

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Es un momento muy duro en la vida, saber que no volverás a andar, que tu carrera como esquiador se ha acabado. El proceso de recuperación es largo, un año intentando minimizar los daños, pero es irreversible, del pecho hacia abajo Albert no siente nada. Entonces llega la eterna pregunta, ¿Y ahora qué? Llovera solo concebía una respuesta: reconducir la vida para seguir disfrutando de ella. Tras un breve paso por el baloncesto paralímpico, donde logró un subcampeonato del mundo en silla de ruedas, descubrió hacia donde quería llevar su silla de ruedas.

Las cuatro ruedas pasaron a ser su nueva vida, se bajaba de la silla para subirse a un asiento baquet de competición, dejaba de moverse gracias a sus manos a hacerlo gracias a motores de gasolina. Aunque primero competiría en vehículos para los que no precisaba de sus piernas como son los quad, categoría en la que ganó en 1988 en el Campeonato de Andorra. Pero él necesitaba más emoción y velocidad, por lo que no tardó en pasar a los rallys. Su territorio a conquistar serían Andorra y Cataluña, con 5 victorias en diferentes pruebas y 7 pódiums. Todos estos logros en tan sólo dos años, con un coche adaptado para pilotar sólo con sus manos y contra pilotos sin discapacidad, Llovera llevaba el coche igual de rápido que descendía las pistas de esquí antes del accidente.

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Tras estos dos años, pasó a los circuitos y el cambio parece que no le afectó. Seguía dejando boquiabiertos a sus competidores con sus tiempos y sus victorias, ninguno podía imaginar que alguien que pilotara sólo con las manos pudiera ser tan rápido. Pero Albert cuando se montaba en el coche y corría, también conducía con el corazón y la emoción de vivir y poder seguir disfrutando de la velocidad y la adrenalina. Tras años de aprendizaje y lucha, llegaba la primera victoria en el 97, pero no sería la última, pues al año siguiente se alzaba con el título de Campeón de Cataluña de Velocidad. Comenzaba a ser conocido no sólo en el mundillo, sino fuera de él, ya no era un piloto más, era aquel parapléjico que ganaba a los demás pilotos sólo con sus manos.

Rozando el sabor de la victoria, varios subcampeonatos más llegaron después y algunas victorias. Pero en 2001, su silla de ruedas y su sonrisa serían conocidas a nivel mundial, se convirtió en el primer piloto discapacitado que corría en el Mundial de Rallys, en la categoría Junior.  Con un 7º puesto en el Rally de Finlandia y un 8º en el de Francia, Albert ponía otro adoquín más en su calzada de la superación. No demostraba, enseñaba de lo que una persona con alegría por la vida, ganas de competir y sobretodo esfuerzo y trabajo puede conseguir. Sigue disputando pruebas del Mundial de Rallys Junior y su posterior salto al WRC, llegando a competir contra auténticas leyendas de ese deporte como Sainz, Solberg o Delecour, además de fichar por Fiat para ser su piloto oficial en el Campeonato de España de Rallys de Tierra. Llovera se gana ese asiento a pulso y sigue yendo a fondo en cada curva, rozando cuneta y subiendo al cajón. En 2006 queda 3º en el Campeonato de España de tierra, al año siguiente avanza una posición en la general y se aventura al Dakar, pero sus sueño, como el de muchos, acaba antes de tiempo y abandona. Sigue corriendo alguna prueba del WRC cuando puede y dando caña a los pilotos del Campeonato de España de tierra, hasta lograr ser campeón en 2012 en el Grupo N. Una nueva meta alcanzada, ahora tocaba buscar nuevas.

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El amargo sabor de boca que le dejó el Dakar en 2007 le empuja a embarcarse de nuevo en esa aventura en 2014. Perece una locura. Si ya es duro para los pilotos que acostumbran a disputarlo, para alguien en silla de ruedas puede ser demoledor. Y así lo era, corriendo con un buggy contra los elementos y los rivales, cuando se averiaba no podía ayudar a su copiloto a reparar el coche, pero cuando se bajaba del vehículo al final de cada etapa su sonrisa era imborrable. Tras 10 duras etapas el Dakar dijo basta y Llovera tuvo que abandonar. Pero era un hasta la próxima, porque si algo había demostrado era que no se rendía antes las adversidades. En la edición de 2015 volvió, volvió a sufrir averías, pero volvió a demostrar de que estaba hecho logrando terminar la carrera más dura del mundo en 41º posición.

No tenemos el gusto de conocerlo en persona, pero los que le conocen aseguran que siempre hay una sonrisa en su rostro. Creemos que es la alegría de haber sabido aprovechar esa segunda oportunidad que la vida le concedió después de aquel accidente en Sarajevo. Hoy, Albert Llovera disfruta de la vida y el deporte junto a su esposa y su hija, pero también nos enseña de lo que podemos ser capaces en la vida cuando la pasión y las ganas de vivir son más fuertes que una silla de ruedas.

@Davidnavallica

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