Locura y tenis como forma de vida

La esencia del deporte siempre queda caracterizada por la multitud de historias que recoge y ha recogido a lo largo de todo su recorrido. Hay veces que estas historias son narradas de una manera prolongada en el tiempo, es decir, hay un protagonista cuyos éxitos se suceden y parecen no tener fin. Sin embargo, no siempre es así. Otras veces nos encontramos con relatos en los que la victoria no es la principal protagonista, ya que, debido a las circunstancias, no puede ser alcanzada.

Dentro de este entorno en el que no es la victoria quien asume el papel principal de la narración, entra en escena el ex-tenista estadounidense Arthur David Larsen, también conocido como “Art”; un artista de la raqueta que se quedó a las puertas del estrellato debido, en gran parte, a su peculiar forma de ser y a su notoria vida extradeportiva. Una carrera corta que, tristemente, vio la bandera a cuadros antes de tiempo cuando Tappy, apodo por el que era conocido, sufre un accidente de moto que le mantiene durante tres semanas en coma. Pudo ganarle la batalla a la muerte, pero no así a su futuro ligado al tenis. Las consecuencias físicas del golpe le impidieron seguir compitiendo.

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Pero para conocer la relevancia de la historia narrada por este entonces joven tenista, debemos situarnos en el contexto en el que creció y se desarrolló. Nacido en abril de 1925 Art fue uno de los muchos reclutas estadounidenses que se enfrentaron durante la Segunda Guerra Mundial a los nazis en el Desembarco de Normandía, el famoso Día D que tuvo lugar el 6 de junio de 1944. Según cuentan, fue encontrado en un tanque destrozado del que no podía salir, después de que su brigada hubiese sufrido una emboscada. Demacrado, desnutrido y prácticamente sin habla. No sabía ni dónde estaba. Afortunadamente poco a poco pudo recuperarse, pero sin duda este hecho le marcaría para el resto de su vida.

Muchos fueron los problemas psicológicos a los que se vio sometido. Parecía imposible borrar de su mente la imagen del baño de sangre infligido sobre sus compañeros tras aquel ataque. Todo lo que tuvo que vivir, transformado en traumas de diversa índole, le  convirtieron en una persona introvertida que no tardaría en requerir de la ayuda de un especialista. Fue puesto en las manos de un profesional, quién vio en el tenis una forma para que Tappy pudiera evadirse de todos esos pensamientos que le anulaban. Y es que, ¡qué bien se le iba a dar!.

larsen

En 1949, tras intensas jornadas de entrenamiento físico y mental, se ve preparado y da comienzo su andadura en el tenis profesional. Su psiquiatra pensó que el tenis le permitiría liberarse de sus traumas y también relacionarse con otras personas, lo cual sería beneficioso para él. De hecho no se equivocaba y Art no iba a tardar en demostrar a su país de qué pasta estaba hecho. El tenis le ayudaba, pero los problemas seguían allí. Ello provocó que, a pesar de desplegar un tenis brillante, muchas fueran las escenas y situaciones en las que su “lado oscuro” le jugaría alguna mala pasada.

Su debut en Wimbledon fue sin duda alguna un hecho anecdótico. Tras lograr hacerse un hueco entre los ocho mejores jugadores del torneo, su pase a semifinales dependía de su enfrentamiento contra el entonces número uno del mundo, el australiano Frank Sedgman. Iba venciendo 2 sets a 1 cuando de pronto un gorrión se planta frente a él y comienza a observarle. Larsen se niega a sacar y decide no jugar hasta que el gorrión se marche. Para ello le grita, le da un pelotazo o incluso le llega a lanzar su propia raqueta hasta que, por fin, consigue espantarlo. Lo más curioso del asunto fueron los motivos por los que justificó su comportamiento: según él, el gorrión quería atacar a su cuervo, un pájaro imaginario que siempre creía tener en su hombro pero que tan solo él era capaz de ver.

Este dantesco espectáculo provocó que se levantaran los abucheos del público asistente saludoy que el tenista estadounidense se viese superado por la excéntrica situación que acababa de vivir. Finalmente Sedgman le remonta y su paso por Wimbledon daba por concluido. Dos años más tarde volvería para salir victorioso del torneo, de la misma forma que ocurriría en  el Open de Australia. Pero como dije al principio lo llamativo de su historia no son sus éxitos. Son en este caso sus actuaciones, tanto dentro como fuera de la pista,  quienes despiertan su interés.

Era antipático con los recogepelotas, susceptible con quiénes le increpaban, y soberbio en muchas de sus respuestas frente a las críticas. No era una persona normal y, según parece, su afán por las mujeres, así como por el alcohol, el tabaco y la vida nocturna, creció de manera paralela a la fama que iba alcanzando. Muchos le reprochaban su forma de ser, por ello se hizo especialmente famosa la frase pronunciada en su defensa por un dirigente estadounidense amigo suyo: “¿Dónde cojones estabais vosotros justo después del Día D?”, haciendo alusión a su implicación en la Segunda Guerra Mundial. 

En 1955 logra su última victoria, el título del Conde de Godó. En la final se enfrenta a Budge Patty y, según afirman, consiguió hacerse con el partido tras haber pasado la noche entera de fiesta por la ciudad de Barcelona. Inaudito. Acababa de ser el primer zurdo de la historia en ganar dicho torneo sin tan siquiera haber dormido una hora. Larsen a lo largo de su carrera no dejaba de dar una de cal y otra de arena, y así iba a ser durante el resto de sus días. Su excéntrica y tan peculiar personalidad tristemente pasaría a mejor vida cuando un año más tarde, con tan solo 31 años, en 1956, su accidente decidió poner punto y final a su periplo por el mundo del tenis.

@iggsuker1

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