La base de una transición

El pionero de una estirpe. El elegido. Una nación, la Unión Soviética. Cientos de millones de habitantes y la gloria, siempre caprichosa, estaba reservada para él. Serguéi Bazarevich. Enrevesado nombre de una historia sencilla. La superación por ser el mejor. Tan simple como complicado. Tan efímero como histórico. Un año para elevarse en el Olimpo soviético y ruso.

Fue en 1994. Bazarevich, tras once temporadas al más alto nivel repartidas entre CSKA y Dinamo de Moscú, recibió la llamada americana. Algo fuera de lo común. Una situación jamás vivida hasta entonces en la zona. Una llamada de la NBA para ‘llevarse’ a uno de los suyos. Ese contacto era nada más y nada menos que de Atlanta. Los Hawks, que habían seguido la trayectoria del base ahora ruso, estaban muy interesados en contar con sus servicios. Y este no se hizo esperar. La historia lo llamó y él no dejó escapar una oportunidad de tal calibre.

kmkm l llmlml lPero no todo fue un camino de rosas para Serguéi. Su llegada no fue todo lo apacible que en un principio se habría esperado. el base apenas estuvo una temporada en la mejor liga del mundo en donde únicamente tuvo presencia en diez encuentros. Además, los Hawks no jugaron playoffs por lo que la estancia del soviético fue aún mucho más efímera. En la temporada regular, en esos diez encuentros, este promedió tan sólo 3 puntos, 0.7 rebotes, 1.4 asistencias y un tapón por partido. Pobres cifras, números que hicieron de su etapa en América un más que rápido paso. Ese brillo, ese aroma a nuevo se esfumó con la misma rapidez con la que llegó. Y de nuevo su teléfono sonó. Esta vez las siglas cambiaron. La ACB era su próximo destino. España reclamó sus servicios, más concretamente en Cáceres.

Un periplo mundial

Y llegó España. Cáceres aguardaba con ansia el aterrizaje de un jugador con la marca NBA. Y no defraudó. El ‘bigotudo’ jugador mejoró notablemente los números que hizo en Atlanta, siendo clave en el equipo extremeño y a su vez uno de los mejores bases del curso en la ACB.  33 encuentros con un promedio de 19 puntos, 2.5 rebotes y 2.9 asistencias. Pero de nuevo su paso por una de las mejores ligas fue efímero. Una temporada para seguir con ese periplo mundial que lo llevó poco después a Italia y Grecia.

Pero su casa le esperó. Tal y como la dejó en 1993. Rusia y su Dinamo fueron el punto y final a una carrera que podría haberlo firmado cualquier jugador de baloncesto, sin tener que adquirir esos tintes históricos que el bueno de Bazarevich usó para pintar la romántica novela deportiva de su país. Presente en la Selección Soviética, fue clave en la transición de esta a la Rusia de hoy, en donde también jugó defendiendo los colores del país. Una transición, una base.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s