El Team Hoyt o como el amor de un padre por un hijo lo puede todo

Esta es la historia de un padre coraje que ha surcado océanos y corrido hasta el fin del mundo para proporcionarle a su hijo la vida que merecía y para hacer realidad sus sueños. Esta es la historia del Team Hoyt o de como el inmenso amor de un padre hacia su hijo puede destruir cualquier barrera. La historia de Dick y Rick Hoyt, padre e hijo, es una de las historias más memorables que ha podido protagonizar el ser humano.

Todo empezó allá por 1962 cuando en el parto de Rick hubo complicaciones, el cordón umbilical se enrolló en el cuello del bebé que imposibilitó la llegada de oxígeno al cerebro e hizo que el pequeño Rick se sumiese en una parálisis cerebral irreversible. El pronóstico médico fue tajante, Rick se quedaría en estado vegetativo para toda su vida. Aquí fue donde empezó la espectacular hazaña de los padres del pequeño, que no aceptaron un no por respuesta, declinaron la opinión de los doctores y empezaron, poco a poco, a intentar garantizarle a su hijo una vida lo más normal posible. Tuvieron que atravesar numerosos muros, y tras mucho pelear y no descansar en su empeño consiguieron que Rick fuese admitido en la escuela pública de Boston en 1975. Para que su enseñanza fuese efectiva, científicos de la Universidad de Tuft crearon un ordenador que daría independencia al joven Rick para expresarse abiertamente.

En el momento en el que pudo usar este dispositivo, toda su familia pudo darse cuenta de la importancia que tenía el deporte en su vida, ya que las primeras palabras que dijo fueron “¡Vamos Bruins!”. Bruins era el equipo de hockey de Boston que en ese año disputaba las finales de la copa Stanley. El deporte, en cualquier formato, era su pasión y no dudaba en hacérselo saber al resto del mundo.

carrera cinco millas

En 1977, un compañero de clase de Rick sufrió un accidente al jugar al Lacrosse que le provocó una parálisis parcial. El colegio organizó una carrera benéfica para recaudar fondos y aquí fue donde se impulsó la creación del Team Hoyt, solo hizo falta una simple pregunta por parte de Rick hacia su padre para que este último tuviese claro que haría cualquier cosa por la felicidad de su hijo. La pregunta fue: “¿Papá, correrías conmigo una carrera de cinco millas?”

Practicar deporte con su padre le hacia olvidar su discapacidad. Era feliz, olvidaba sus problemas y Dick se lanzó a una aventura que más tarde sería toda una historia de coraje, amor y superación. Su padre, teniente coronel retirado de la Guardia Nacional Aérea de Estados Unidos, no pudo dar un no por respuesta y decidió empujar a su hijo hacia la meta. Pese haber llegado en penúltima posición la felicidad y satisfacción de Rick no tenían límites.

Fueron realizando cada vez más y más retos hasta que un día Rick volvió a hacer una pregunta: “¿Papá, correrías un maratón conmigo?”, la respuesta no pudo ser de otra manera que afirmativa. En 1981, fue la primera vez que padre e hijo correrían una Maratón oficial desde a línea de salida. La elegida, fue su ciudad natal. Tuvieron bastantes dificultades, no solo de rendimiento, eran tiempos difíciles y los corredores no estaban acostumbrados a ver la imagen de un tetraplégico en silla de ruedas empujado por un hombre. Lo rehuían, no querían estar al lado de Rick, sin embargo él no dejó de sentirse un atleta más en todo momento. El tiempo fue pasando y las cosas cambiaron, lo que antes obviaban ahora alababan, hacían cola para saludar tanto al padre como al hijo, ambos no tardaron en ser reclamados para dar charlas de motivación a lo largo del país.

Triatlón

Su incesante espíritu de superación en el que no existían límites le llevó a plantear otra cuestión a su padre: “¿Papá, correrías un triatlón conmigo?”, y como era de esperar no tardaron en adentrarse con todas sus fuerzas en este nuevo reto. Dick tuvo que aprender a nadar y volver a montar en bicicleta. Fue a partir de este momento cuando su padre empezó a empujar y tirar de él a lo largo y ancho del mundo, de triatlón en triatlón. A la hora de nadar, Rick se situaba en una pequeña y pesada balsa. Cuando era el turno de la bicicleta, Rick viajaba sujeto en un asiento en la parte frontal de la misma y como era de costumbre, a la hora de correr, lo empujaba en su silla de ruedas. Rick era capaz de sentir la libertad en todos sus formatos. 

Su palmarés de éxitos reflejaba el espíritu de superación de los Hoyt. Realizaron más de 1.000 carreras juntos, 247 triatlones, 6 Iron Man y 70 maratones, entre ellos el de Boston con un total de 31 carreras, y esto únicamente son sólo algunas cifras. A sus 73 y 51 años decidieron poner fin a su esplendorosa historia de superación y como no, quisieron hacerlo por todo lo alto, disfrutando su último maratón en la ciudad que los había visto crecer como deportistas, su amada Boston. Sin embargo, lo que pretendía ser una celebración acabó en tragedia cuando dos bombas estallaron cerca de la línea de meta. Fue el atentado del maratón de Boston, que provocó la muerte de tres personas y registró más de 200 heridos. Los Hoyt no tuvieron su momento triunfal hasta un año después cuando se despidieron su carrera deportiva por todo lo alto. 

Los logros de Rick no se quedaron atrás, se graduó en educación especial, está casado y hoy vive en su propio apartamento desde el que saca tiempo para disfrutar de su padre, tanto deportiva como personalmente. 

Es la historia de una familia, de un padre coraje que no dejó de luchar por su hijo y que logró que a pesar de las dificultades Dick llegase lo más lejos posible. Es la historia de un padre que ha dado todo por la felicidad de su hijo, un ejemplo a seguir. El amor que les une va más allá de los límites físicos, es un amor que mueve montañas, que nada océanos y corre de un lugar a otro sin cesar.

 “Rick es el que me inspira y motiva por la manera en que ama competir y los deportes”

“Mi padre es mi modelo a seguir. Una vez que se decide a hacer algo, hace lo posible por lograrlo, no importa que sea. Por ejemplo, cuando decidimos participar en un triatlón, papá entrenó, hasta 5 horas al día, 5 veces a la semana, incluso cuando estaba trabajando”

Team-Hoyt-3

 “Ningún amor es más grande que el de un padre por su hijo”. Dan Brown

@Lorena_H94

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