El Olímpico de Múnich, un estadio para la historia

Es difícil vivir tanto en tan pocos años de vida. Su construcción allá por 1972 significó parte del proceso de modernización alemán de finales de siglo. Se construyó para dar cobijo al gran acontecimiento deportivo que suponen los Juegos Olímpicos y los encargados de mostrar la grandeza alemana, de darle forma, fueron Günther Behnisch, arquitecto titular del estadio y Frei Otto, ingeniero al mando de las operaciones. Juntos, crearon un recinto de referencia. Toldos panorámicos de vidrio acrílico con el objetivo de imitar Los Alpes y una cubierta principal en gajos que cubre tres cuartos del área de tribuna. Innovación para acoger los JJOO. El Olympiastadion estaba preparado para mostrarse al mundo.

Ubicado en la ciudad de Múnich, capital del estado de Baviera, se erige como eslabón principal de un parque de 270 hectáreas de superficie. Tiene una capacidad para 69.250 que rebasaron en la inauguración de las olimpiadas de 1972. Ochenta mil almas colapsaron las gradas de un estadio que se convirtió en la representación de un país que tenía el dudoso honor de haber organizado en Berlín, durante el régimen nazi y con Adolf Hitler observando todo desde el palco de autoridades, sus últimos Juegos Olímpicos.

ppEl 26 de agosto de ese año el pebetero se encendió y el fuego iluminó con fuerza el Olympiastadion cómo quien acoge entre sus brazos fuertemente a un ser querido. El evento pasó a la historia por la masacre de Múnich. Corría un 5 de septiembre cuando una facción denominada Septiembre Negro llegó a la capital bávara para ejecutar una criminal y sangrienta acción que tenía como trasfondo el conflicto árabe-israelí. Once atletas israelís fueron secuestrados y posteriormente asesinados. Desde ese momento, al final de los Juegos Olímpicos, que continuaron pese a todo, todas las banderas ondearon a media asta sobre el estadio olímpico de Múnich. Para el recuerdo, en lo positivo y lo deportivo, los siete metales de oros de un tal Mark Spitz que devoró la piscina con una voracidad inapelable.

El estadio había sido inaugurado unos años antes con un partido de fútbol. Alemania Federal barría 4 a 1 a la URSS un 26 de mayo de 1972, con cuatro tantos de Müller, e inauguraba frente a un rival más que especial un recinto del que todo alemán se sentía muy orgulloso. Allí, ante un ambiente infernal, dos años más tarde, durante el mundial que se disputó en 1974 en tierras bávaras, Gerhard Müller, de nuevo, creando un idilio con el Olympiastadion, coronaba a Alemania Federal frente a la naranja mecánica de Johan Cruyff cuando ponía el 2-1 definitivo que daba el campeonato a los locales.

El olímpico de Múnich pasó a ser usado por los dos principales equipos de la capital como escenario para afrontar sus choques como local. El TSV 1860 München y el Bayern de Munich se adueñaron de un estadio donde los últimos, ganaron dos ligas de manera consecutiva con nombres en sus filas de la talla de Müller o Beckenbauer. Además, albergó, como no podía ser de otra forma, la final de la Eurocopa de 1988. Holanda frente a la URSS. El miedo a volver a caer en Alemania. La final de Van Basten y su magnífica volea. El reconocimiento a una generación que merecía serigrafiar su nombre en uno de los templos del mundo del fútbol.

Hasta tres finales de Copa de Europa se disputaron en el Olympiastadion. La primera, quizá, la más extravagante y especial. Aquel Nottingham Forest que se impuso en la final al Malmö sueco en 1979. La siguiente, la más inesperada. El triunfo del Marsella de Desailly frente al AC Milan de Van Basten y Rijkaard en 1973. La última, la ganada por los alemanes en territorio germano. El Borussia Dortmund vencía a la Juventus de Del Piero y compañía en 1996 en la que es, hasta la fecha, su única Liga de Campeones.

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Allí, además, se fraguó uno de las más arduas rivalidades futbolísticas de siempre. Bayern de Múnich y Real Madrid se convirtieron en enemigos íntimos sobre el verde del Olympiastadion. Juanito pisó a Matthäus, enardeció algo a lo que sólo le faltaba prender la llama y alargó la rivalidad a los 90 con Kahn y Effenberg. El punto y final, al menos en el olímpico de Múnich, fue aquel 2-1 del Bayern al Real Madrid el año de la novena. El resto, historia para el aficionado madridista con la remontada en la vuelta y la consecución del título frente a otro alemán, el Bayern Leverkusen.

Ambos equipos se mudaron, TSV 1860 München y Bayern, de un estadio donde Michael Jackson llegó a actuar hasta en cinco ocasiones. Actualmente se utiliza para diversas competiciones deportivas y engalana una ciudad orgullosa de un estadio que se construyó por algo que iba más allá del deporte. Era la nueva Alemania, su oportunidad de mostrar al mundo que el pasado era eso, pasado. Y el Olympiastadion, fue uno de sus mayores argumentos.

@Adrimariscal

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