Billie Jean, la mujer que destronó al hombre

A menudo, a los tenistas, o a las tenistas, ya entenderán el porqué de la distinción, se les recuerda por sus logros deportivos dentro de la pista. Hay pocas personas que caigan en el pozo del recuerdo por algo más que sus triunfos con una red de por medio. Ella lo consiguió. Billie Jean King lo consiguió. Icono para la igualdad del sexo mundial, devoradora de trofeos raqueta en mano e icono del deporte femenino estadounidense y mundial.

Y a punto estuvo el mundo del tenis de no conocer a Billie Jean King. De joven, mientras cientos de vuelos sobrevolaban su casa  y transatlánticos atracaban en las playas de su ciudad, comenzó a jugar al softball, al fútbol y al béisbol. Era una apasionada del deporte. Afortunadamente, fue algo pasajero. Pronto se vio seducida por la raqueta y por el olor a competición. Y así estuvo durante más de dos décadas, paseando con puño de hierro por las pistas del mundo, demostrando que el tenis y la mujer no tenían nada que envidiar al género masculino.

zzPronto ganó su primer torneo. Fue en el sur de Carolina, y al siguiente curso, para pulir los quilates que adornaban su raqueta, comenzó a ser entrenada por Alice Marble. Sin cumplir la mayoría de edad inició su andadura en el circuito amateur. Y no tardó mucho en hacerse notar. En 1961 ganó su primer Wimbledon. Lo hizo en dobles. El primero de los veinte que lograría. 

Precisamente en el All England Club nació su mayor rivalidad, su antagonismo más radical, con quien compartió horas y horas de pista, su principal razón para seguir mejorando. Era la reina del momento, la mujer invencible, Margaret Court. Fue quien le venció en su primera final individual en Wimbledon. Quien le derrotó por primera vez en la final de dobles mixtos en la hierba inglesa. Pero Billie Jean era insaciable y en 1966 conquistó su primer título individual, y el número uno de paso, donde siempre había soñado, donde había clavado su bandera acompañada de otra, en Wimbledon, torneo de campeones, o de campeonas, como a ella le gustaría decir.

Billie Jean era muy agresiva en la pista. Ganaba los puntos por la vía rápida. Saque, red y volea precisa y de ejecución perfecta. De ahí su idilio con Wimbledon, de ahí que las pistas lentas se le atragantasen. Era veloz, lista como ella sola. Preparaba cada partido. No dejaba nada a la improvisación. Se sabía una campeona, y de igual manera, sabía que demostrarlo cada vez que saltaba a una pista. Y lo hacía empatizando con el público que iba a verla. Porque la gente quería verla, y ella quería que la viesen.

No se cansó de ganar. Ni siquiera aun cuando ya lo había logrado todo. En 1969 ganó diecisiete títulos individuales y 21 de dobles. Entre todos, sumaron 112 victorias por sólo tres derrotas. Números de record. Al final de su carrera, 39 coronas de Grand Slams en su vitrina y un total de 129 triunfos en singles. Entre medias, su mayor logro. Aunque no le computase ningún trofeo, dinero o victoria que añadir a su palmarés. Aquel partido iba más allá. Era demostrar que la mujer estaba a la misma altura que el hombre. Y era hacerlo frente a Bobby Riggs, ex número uno y campeón de Wimbledon.

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Existía un precedente. Bobby Riggs había vencido a Margaret Court en dos sets un tiempo antes. El ex campeón quería demostrar que la mujer nunca podría competir de tú a tú a un hombre. Y Billie Jean, tozuda como ella sola, se encargó de demostrar que no solo podía ser una igual, si no que fue mejor. El partido, disputado en Houston ante 30.492 espectadores, récord a día de hoy, paso a los anales de la raqueta. Venció en tres sets, aupó su estatus al de cualquier hombre y a la mujer al escalón que realmente le pertenecía. Arriba del todo. Al lado del hombre.

Tardó en aceptar su homosexualidad. Y no lo hizo antes por temor a un mundo homófobo al que contribuía su propia familia. Se ha convertido en un ejemplo para las feministas que buscan la igualdad de derechos con los hombres. Para la mujer coartada. Ha sido un ejemplo de deportista y persona que puso en el tenis su altavoz para llegar a la sociedad. Un tenista diferente. O una tenista, mejor dicho. Así seguro que le gustaría más a Billie Jean King.

@Adrimariscal

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