París-Madrid, la carrera hacia la muerte

A principios del siglo XX el automovilismo y la competición del motor daba sus primeros pasos, en una época en la que el coche eran tan revolucionario como peligroso, las primeras carreras tenían lugar en carreteras abiertas en lugar de en circuitos. Francia se convertía en el laboratorio de pruebas de la competición, naciendo pruebas de velocidad entre ciudades, que más tarde se ampliarían a países vecinos con carreras París-Viena o París-Berlín. Esta última fue un desastre con mayúsculas, por lo que Francia prohibió volver a organizar carreras sobre suelo francés. Sin embargo, como muchas otras veces, la pasión y la pizca de locura se aunaron bajo la bandera del Automóvil Club de Francia para solicitar permiso para celebrar un carrera. A ellos se sumaron los intereses económicos de las marcas francesas que presionaron para que se celebrara. Finalmente el 17 de febrero de 1903 la carrera París-Madrid fue autorizada, sin saber que habían dado permiso a una sucesión de desdichas y accidentes que marcarían un antes y un después en el mundo de la competición del motor. 

El Automóvil Club Español, apoyado por el mismísimo Alfonso XIII, había sido otro de los promotores de la carrera. Esta estaría compuesta de tres etapas: desde Versalles a Burdeos (552 km), desde ahí hasta Vitoria (335km) y partiendo de esta hasta finalizar en Madrid (420 km). En total 1307 km de carrera, todo un acontecimiento en la época que los medios franceses se encargaron de promocionar como la carrera más importante hasta la época. Y vaya si lo fue. De un total de 315 inscritos tan solo salieron 224. La organización fue un caos. El orden de salida fue aleatorio, por lo que en carrera se juntaron motocicletas, coches rápidos y más lentos lo que traería consecuencias funestas. Además el intervalo de salida se pasó de 2 a 1 minuto debido a que la carrera empezó con retraso. 

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En la carrera participaron pilotos de todo tipo, desde aficionados que iban casi de paseo a auténticas leyendas del automovilismo como los hermanos Marcel y Louis Renaul, Charles S. Rolls, quién fundaría más tarde Rolls Royce, Williams Vanderbilt millonario de una familia de New York, Vincenzo Lancia, también fundador de su marca más tarde, el Conde Camille Jenatzy, el primero en superar los 100 km/h, o Henri Rougier, primer ganador del mítico Rally de Montecarlo. También se produjo un hecho histórico, Camille du Gast se convirtió en la primera mujer en competir en una carrera de automovilismo internacional. A las 3:30 am del 24 de mayo, los jardines de Versalles eran iluminados por potentes focos. Charles Jarrott, a los mandos de un De Dietrich sería el primero en salir. Sin embargo el inglés, abrumado por la cantidad de público que tenía delante no sabía como iba a atravesar aquella muchedumbre y dar comienzo a la carrera. Sin pensarlo más arrancó y rezó para que la gente se quitara a tiempo. Y así era, a medida que avanzaba descubría la carretera, pues el público se agolpaba para ver venir a los pilotos y se quitaban en el último instante. Daba igual aminorar la velocidad, lo que único que lograba era que la gente tardara más en quitarse.

Los policías y soldados no daban a basto a contener al público que acudió, la expectación fue máxima, nunca antes hasta la fecha un evento deportivo de motor había tenido tal acogida. Hasta que no pasaron varios kilómetros los arcenes no estuvieron despejados de público. En los pueblos a la llegada esperaba más gente, pero allí por norma debían detener la carrera y atravesar cada ciudad escoltados. Jarrott y Louis Renault se colocaban en cabeza, no sin antes sufrir el británico problemas mecánicos, pues la fiabilidad en aquella época era algo que brillaba por su ausencia. Sin embargo a medida que la carrera avanzaba aparecían rumores, de esos que ningún piloto quiere escuchar. 

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No fue hasta llegar a Burdeos cuando los rumores comenzaron a adquirir tintes de seriedad y preocupación real. Comenzaban a llegar noticias de accidentes, salidas de pista, muertes y heridos. Parecían rumores más propios de una guerra que de una carrera. Algunos rumores comenzaban a ganar fuerza cuando varios pilotos que iban llegando coincidían en las misma noticias. Marcel Renault murió tras verse envuelto en una nube de polvo y salirse de la carretera, a su hermano Louis que llegó en segundo lugar, no se le dio la noticia hasta que acabó la carrera. Un piloto atropelló a una mujer, otro se encontraba en mitad de la pista a un niño y un soldado que intentaba quitarlo de en medio y no pudo evitar el atropello muriendo los tres en el accidente. Otros tantos sufrieron accidentes debido al polvo que generaban los coches que les adelantaban y se salían de la pista. En total murieron cinco pilotos y tres espectadores, solo en la primera etapa. En seguida las autoridades francesas cancelaron la carrera y Burdeos se convirtió en la meta improvisada. Los coches se trasladaron de vuelta a París en trenes y se prohibió incluso que encendieran los motores, por lo que fueron tirados por caballos hasta los trenes. El ganador fue Fernand Gabriel, con un Mors Z, que cubrió los 552 km entre París y Burdeos en 5h.14’31”, a más de 105 km/h de media. Le sacó 15 minutos a Louis Renault, quien no volvería a correr más. 

La opinión pública fue de lo más diversa, mientras unos periódicos quitaban hierro al asunto, otros aprovechaban para condenar este tipo de competiciones y pedir su cancelación, incluso se llegó a llamar al evento la carrera de la muerte. El gobierno Francés prohibió tajantemente volver a correr en carreteras abiertas y las próximas competiciones se celebraron en circuitos o carreteras más restringidas y formando un circuito cerrado. Así se cerró una época de carreras entre la temeridad y la heroicidad, en la que pioneros del motor se ponían a los mandos de máquinas más que de vehículos, tratando de romper barreras sin romper sus huesos. Unos coches que no iban más allá de cuatro ruedas, dos asientos y un motor cubierto por una chapa, servían a estos pilotos para disfrutar del deporte de motor y sentar las bases de las futuras competiciones del automovilismo. 

@DavidNavallica

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