El primer triunfo de los guerreros hispanos

Cuentan los historiadores que los guerreros antiguos, iberos de pura cepa, acostumbraban a vestir túnicas cortas y blancas con ribetes de púrpura. En realidad, todos los guerreros no vestían de igual manera, pero si era la más corriente, la marca más personal por la que los romanos reconocían a los españoles del ejército de Aníbal. Falcata y escudo en mano, defendieron la península con valor y coraje. Fueron los primeros guerreros españoles. Dos milenios después, en Túnez, ataviados del rojo más español, dieciséis hispanos comandados por el general Juan Carlos Pastor conquistaron el balonmano mundial. Fue su particular reconquista. La demostración de la milicia nacional del balonmano y su poder.

Fue el principio de algo que ahora parece normal. Pero no se engañen. Aquellos guerreros que dominaron el balonmano mundial en Túnez por primera vez, como si de una gran batalla se tratase, sufrieron sudor y lágrimas para comenzar una época de prestigio, reconocimiento y honor en forma de guerras ganadas ante enemigos a los que ya no se les teme. Ahora España es ese rival al que nadie se quiere enfrentar, el frente de batalla donde nadie quiere estancarse, el toque de corneta que manda a los hispanos a la guerra.

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Sin embargo, los instantes previos a las grandes batallas, el silencio que acongoja a cualquier contendiente, no fueron fáciles para el ejército español. Su general, Juan Carlos Pastor, llegó apenas dos meses antes del inicio del campeonato como solución, más que polémica, a las constantes idas y venidas de la Federación. Asumió las riendas, escogió a los hombres de su confianza y dio a su equipo, a su ejército, un toque distinto, un adalid de competición pura. Ese juego posicional basado en una defensa que rugía en cada tentativa rival, esa transición defensa-ataque que hacía de los extremos auténticos arqueros de máxima precisión. Esa primera línea de armamento bélico imperial que se hincho a perforar el marco rival.

En la primera fase, cinco rivales. Cuatro triunfos y una derrota. La que a la postre sería la única en todo el torneo. Victorias contundentes frente a Japón, Argentina y Australia en el que es, hasta la fecha, el mayor triunfo del combinado nacional tras el 51-19 final. Entre medias, una demostración del ADN de los hispanos. Los de Juan Carlos Pastor llegaron a perder de hasta siete tantos al final del primer acto. Tras el paso por vestuarios se colocaron la armadura, pinturas de guerra en la cara y grito de conquista. El resultado final, una victoria de siete goles, 33-26. La derrota, el alto en un camino que volvería a enfrentar a ambos combinados, frente a la todopoderosa Croacia por 31-33.

La cosa se puso sería. Ya no había rival sencillo, y las tácticas de batalla necesitaban una mayor eficiencia de los guerreros hispanos. El primer duelo, enfrentó a España con Alemania. La selección ganó con solvencia y aguardaba para la que sería el auténtico combate de la segunda fase. Enfrente, la por entonces conocida como Serbia y Montenegro. Pleno de victorias en la primera fase y un único tropiezo en forma de empate contra Suecia. Una derrota dejaba a los hispanos fuera. Y estuvieron muy cerca de sacar la bandera blanca sinónimo de rendición. Pero aparecieron dos de los comandantes de aquel equipo. Primero el capitán. Mateo Garralda se elevó desde la primera línea y encontró el resquicio para batir a Sterbik, cosas del destino y del conflicto balcánico, actual meta español. Segundo, el arquero. David Barrufet, que se estiró en la última tentativa rival y atajó el balón que mantuvo con vida a la selección.

mQuedaba lo más difícil aún. No por España, que venció sin problemas a Noruega. Tocaba esperar a que Croacia venciese a Serbia y Montenegro en algo más que un simple choque, sea cual sea la disciplina deportiva en cuestión. Croacia ganó, se convirtió en el mejor aliado de España en la guerra y destronaron a una de las favoritas al entorchado final. En el horizonte, unas semifinales frente al anfitrión, Túnez. España tuvo que luchar frente a un pabellón a reventar, un equipo que jugó aquel mundial por encima de sus posibilidades y unas decisiones arbitrales más que dudosas. Pero no había imposibles para los primeros hispanos del balonmano español. Iker Romero como mejor acompañante de Mateo Garralda. En el extremo, esquivo a cualquier conflicto, dando la estocada definitiva, un tipo de muñeca caliente e inteligencia cualitativa, Juanín García. Pilares básicos del pase a la gran final. A la máxima batalla hasta el momento del balonmano español. Al lugar donde no se podía fallar.

Y no lo hicieron. Era época de revancha, de conquista, del mayor triunfo que nunca un hispano había logrado. Enfrente, Vlado Sola en la portería, Ivano Balic en la dirección, Igor Vori con una escalera al cielo y francotirador Zdomba entre otros. Enfrente, los campeones olímpicos seis meses antes en Atenas. Enfrente, el rival idóneo ante el que hacerse grande. Enfrente, la oportunidad perfecta de dar un golpe en la mesa del balonmano mundial.

El partido fue una auténtica obra de arte. Un manual para enseñar a quien quiera disfrutar de sesenta minutos de balonmano puro. La reminiscencia del guerrero. La victoria de los hispanos. El 40-34 final, la lucha de los croatas por maquillar un partido en el que nunca tuvieron opciones. La subida al olimpo de David Barrufet y Mateo Garralda acompañados por Juanín Garcia, David Davis, Mariano Ortega, Rubén Garabaya, Demetrio Lozano, Fernando Hernández, Juancho Pérez, Alberto Entrerríos, Raúl Entrerríos, Albert Rocas, Joseja Hombrados, Iker Romero, Rolando Urios y Chema Rodríguez. Allí, con la impasibilidad a la que acostumbraba, ya esperaba Juan Carlos Pastor.

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Los hispanos ganaron la guerra. Se impusieron en el frente de batalla tunecino a base de una sólida defensa de su territorio y constantes ofensivas sorpresa, a modo de contraataque o de estrategias ideadas por su general, que acabaron con todos y cada uno de sus rivales. A esto le siguió España en 2013. Y quien sabe si los guerreros clavaran su bandera en suelo qatarí en el reciente campeonato. La veda está abierta, y en el fragor de la batalla, es muy difícil vencer a estos hispanos.

@Adrimariscal

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