La valquiria del desierto

Hay historias de superación, de injusticia, de sufrimiento y tragedia, pero la que las posteriores líneas narrarán, será una historia de constancia, de continuidad y regularidad, pero por encima de todo amor al motorsport. Un amor considerado por muchos irracional, pues en este caso el flechazo fue nada más y nada menos que con el Rally París-Dakar. Como muchos otros aficionados y pilotos antes, la alemana Jutta Kleinschmidt fue seducida por la belleza del rally de los rallys, por la prueba de motor más exigente y peligrosa del mundo, que edición tras edición sigue cautivando a más y más pilotos y aficionados. 

Dicen que el amor a veces es irracional, que no sabemos por qué algo nos atrae tanto hasta llegar convertirse en nuestra pasión o nuestra perdición, pero también dicen que tardamos 0,5 segundos en enamorarnos. Eso fue lo que tardó Jutta Kleinschmidt en sentirse atraída por el magnetismo del Dakar y sus increíbles parajes y aventuras, pues en 1987 no dudó en acudir como espectadora hasta tierras africanas con su moto y seguir toda la prueba. La experiencia para ella fue el detonante que activo la bomba de la competición, cuya explosión originó una honda expansiva de un radio enorme, dando como consecuencia una carrera deportiva de los más prolífica y exitosa.

jutta fwefwq

Jutta era ingeniera física y trabajaba para BMW, por lo que no tuvo dudas a la hora de escoger su montura para competir al año siguiente de su aventura como espectadora. La germana improvisó su taller en su propia casa, donde modificó la moto y la preparó para correr. Tuvo que engañar a su casera para que le dejara la llave del montacargas y poder subir la moto hasta su piso, cuando fue a meterla a casa no entraba por la puerta y la tuvo que desmontar. Durante un tiempo en su cocina las tazas y platos se apilaban con las culatas, juntas y tornillos de su moto. Así, finalmente logró participar en el Rally París-Dakar en 1988 como piloto amateur, la primera piedra de la pirámide de su carrera deportiva estaba puesta.

Como el Dakar se celebra una vez al año, Jutta necesitaba entrenar, y estar lejos del desierto y de un rally para ella pasó a ser algo impensable, por lo que comenzó a competir en pruebas similares cosechando sus logros y cimentando la base de su prometedor futuro. En el año 1992, esta piloto natural de Colonia consiguió su primera victoria en un rally, más concretamente en el Rally París-Ciudad el Cabo, posteriormente en el Rally Faraones y también ganadora de las 24 horas de Clermont-Ferrand, la resistencia y pruebas largas pronto se convirtieron en su especialidad. Ese mismo año empezó a coquetear con los coches tras participar en las 24 Horas de Nürburgring y de Spa, coqueteo que se prolongó y acabó compaginando con las motos. A estos inicios hay que sumar una victoria más en los dos rallys citados, varias veces ganadora de otras pruebas y subcampeona de otras tantas como la Baja Española o Portuguesa, el Rally de Marruecos o de Tunez. Allá donde hubiera arena, tierra y polvo iba la piloto de rubios cabellos y ojos azules. Todas estas aventuras iban añadiendo más escalones a su carrera, todo ello desencadenado por la prueba por excelencia de rally-raid, el Rally Paris-Dakar, el cual pasó a ser su objetivo y en el que dejó paso a las motos para llevar monturas de cuatro ruedas, y es que a veces hacen falta dos ruedas más para conseguir los objetivos. Esta vez no podría usar su piso de taller como con la BMW. 

jutta mitsu

En el año 1992 otro amor aparte de los desiertos surge en su vida, es el piloto Jean-Louis Schlesser, quién le ofrece ser su copiloto en otras pruebas y quién le acaba confiando un asiento como piloto de buggy Sin embargo esta relación se acaba en 1998, y Klienschmidt recala en los asientos de Mitsubishi. Las malas lenguas decían que Schlesser tenía celos, pero de que su novia fuera más rápida que él. La marca japonesa supo aprovechar el fichaje, pues lanzó una osada campaña publicitaria en su época: “Si una mujer puede correr un Dakar con Mitsubishi, tu también puedes”.  Un año antes de la ruptura sentimental en 1997, consiguió ser la primera mujer en ganar una etapa del Dakar, además de terminar en 5ª posición en la clasificación general. En 1999 roza la cúspide de la pirámide deportiva, logra liderar la general y termina tercera en el podio, siendo una vez más la primera mujer en conseguir ambos hitos deportivos. 

jutta nhefwe

Esta valquiria del desierto no cesó en su empeño de conquistar el rally más duro del mundo y siguió galopando con tesón y manos firmes hasta el año culmen, 2001. Ese año a los mandos de un Mitsibishi Pajero T2 le tocaba hacer de escolta de los dos pilotos principales de la marca nipona, Masuoka y Fontenay, quienes librarían una dura batalla contra los buggies de Schlesser, quien defendía el título, y Serviá. Durante todo el rally Masuoka y Schlesser mantuvieron la disputa del liderazgo de la clasificación, siempre arropados por sus segundos en el equipo, mientras una tapada Jutta Kleinschmidt les seguía el ritmo en la tercera posición. Entonces, cuando todo parecía dispuesto para que ganara el francés o el japonés, ocurrió lo inesperado. En el punto de salida los dos buggies se colocaban hábilmente y de una forma un tanto irregular delante del Mitsubishi de Masuoka para taponarle la salida, pues este lideraba la general sacando seis minutos al francés. Schlesser sale del control como alma que lleva el diablo para abrir toda la brecha posible, esperando que su compañero, el español Serviá, le haga de tapón y ralentice todo lo posible a su rival. Masuoka, en un acto de desesperación viendo que va a perder el rally, decide adelantar al español por fuera de pista, lo que propició que rompiera la suspensión trasera izquierda haciendo ingobernable el coche y teniendo que parar más adelante.

Es entonces cuando su copiloto Pascal Maimon se baja a intentar detener a Serviá que casi le atropella y ante la desesperación y el error cometido, el copiloto la toma con el casco lanzándolo contra el suelo y golpeando el coche. Momentos después aparece el compañero Fontenay que les ayuda a reparar el coche y proseguir, sin embargo Masuoka llega con una hora de retraso respecto a  Schlesser. Cuando parecía que el francés iba a lograr su tercer título consecutivo, la federación le sanciona con una hora de penalización por las maniobras ilegales que había cometido contra el japonés. Automáticamente, Jutta, que se había mantenido tercera durante todo el rally, se proclama ganadora del Rally París-Dakar por 2 minutos 39 segundos respecto al Mitsubishi de Masuoka. Se convertía en la primera mujer en ganar el Dakar y alcanzaba la cúspide de la pirámide de su carrera deportiva. La marca de los tres diamantes tuvo que cambiar en su eslogan “correr” por “ganar”.

Aquí no terminaron sus andaduras por los desiertos, pues tras su victoria siguió compitiendo en otras disciplinas y por supuesto en el Dakar, donde al año siguiente fue subcampeona, años más tarde con Volkswagen logró quedar tercera y colocar por primera vez en el podio un coche diésel. Con esto silenció toda las críticas que la daban por ganadora gracias a un golpe de suerte y secundaba así su carrera automovilística. Corrió por última vez el Dakar en 2007, curiosamente el último año también que se corrió en África, ya que después las amenazas terroristas obligaron a cambiar de escenario. La última vez que subió a bordo de un vehículo para competir fue en 2008 durante las 24 Horas de Nürburgring donde finalizó primera en la clase S2. Posteriormente se retiró de la competición e impartía clases de conducción por el desierto, enseñando lo que había aprendido después de veinte años de competición. Quien sabe si volveremos a verla de nuevo en el Dakar, o si alguna mujer repetirá su hazaña. 

@Davidnavallica

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