El ultra necesario

Por: José Manuel Sánchez Moro

En la película Gladiator, aquel que se llama Máximo Décimo Meridio y que es comandante de los Ejércitos del Norte y general de las Legiones Félix, tiene un sueño. Volver a Hispania y, en ella, a Lusitania, donde podrá sentir la suavidad de las espigas de trigo rozando con las palmas de sus manos. En concreto, a una aldea que se ubicaba en las cercanías de Trujillo, pero que, para engrandecer su gesta heroica y mantener un rigor histórico en consonancia con la propuesta de la cinta, se ubicará cercana a Emérita Augusta, cuna, en aquellos años, de gladiadores. Lo que es la actual Mérida. Durante mediados de los 90, el ya desparecido Club Deportivo Mérida, logró durante dos temporadas, colarse, siendo el primer equipo extremeño que lo hacía, en la primera división española. Reunió, entre algunos nombres notables como el de Juanito (se mató siendo entrenador del Mérida de vuelta del Bernabéu de ver a su Madrid), a un grupo ultra que aún hoy, en la tercera tercera división, abarrota el estadio cada domingo en que el equipo de la ciudad juega de local.

UltrasÚltimos días de Junio de 2014. El Mérida se juega el ascenso a 2ª B contra el Langreo (Langreu en bable). Localidad asturiana intermedia entre Avilés y Gijón, característica por la minería y su aire evocador de ciudad obrera del siglo XIX, cuando acontecían las revoluciones industriales. Tras empatar en la ida, 0-0, en la casa del Mérida, entre medio centenar y un cnenar de militantes de Legiones Sur (el grupo radical del Mérida, que aún pervive de sus años en la primera división, con claro acento ultraderechista) se desplaza a Asturias. Antes de que dé comienzo el partido, aprovechando las dos esquinas de una perpendicular a una calle concurrida donde hay terrazas y puestos de lo más variopintos, descargan todo su arsenal. Petardos y bengalas. Tras ello (valiéndonos de videoaficionados) realizan algunas avanzadillas tomando sillas de los establecimientos, que van a parar al fondo de la calle donde se encuentran aficionados del Langreo. En el lanzamiento de objetos, los unos y los otros se valen también de lo que encuentran en la misma calle. Se ve, de igual manera, el contacto físico. No pasan de golpes con el antebrazo, dos patadas y un solo choque. Cuando uno cae, el que lo ha derribado retrocede a su posición original.

De cara a los hechos acontecidos el domingo 30 de Noviembre entre radicales del Atlético y del Deportivo de la Coruña que se saldaron con la muerte de un miembro de los segundos, Manuel Jabois recupera una anécdota entre un choque de Biris Norte y Frente Atlético. En esa ocasión, un rezagado del Frente se vio rodeado de algunos Biris Norte que, al grito de “parad ya”, le dejaron ir. Como norma, como convención. Más aún, en “La Goleada”, un hincha (o lo que sean, cada cual que los llamé siguiendo sus pareceres) del Frente, asegura que en una quedada se apalabra el material a utilizar e, incluso, el número pertinente y razonable de asistentes.

Como una tradición, como un pacto para disfrutar, como los prolegómenos a un baile de cierre de curso. Brotons, colaborador del programa, le llamó “fantasma”, aun siendo de los más asentados de cuantos han querido aportar sobre el funesto desenlace de los incidentes de aquel día. Si se mira a estos ejemplos y se sigue (una vez más, gracias a los video aficionados) el choque entre dos hinchadas como la del Langreo o la del Mérida, ajenas a la búsqueda de cualquier repercusión mediática, nos encontramos con encuentros, previamente concertados o no, en que se baten por afición y adrenalina dos grupos de individuos (con dobles vidas algunos –Álvaro Cadenas era un buen estudiante de Derecho-) bajo la excusa del fútbol y la política. Como las garrotas y los duelos de Goya, los pulsos entre marineros de Hemingway o el último baile con chupas de cuero en el Ridell High School.

Ikurriña

Francis Magan, líder de Frente Atlético en sus mejores años, se refería a Jesús Gil como un “Elliot Ness de la mafia futbolera” o como “El Cid campeador del fútbol español”. Para entonces, Gil, ya había dicho del Frente Atlético, una de las tribus urbanas que mayor número de neonazis y fascistas alberga en el estado español, que “representaban los valores del club allá donde fueran”. En aquellos años del doblete y mafias, uno de sus miembros, que en boca de algunos de sus profesores apenas se relacionaba con los compañeros y era un zoquete, mató injustamente a Aitor Zabaleta de una puñalada. ETA, ETA, Zabaleta era de la ETA, es la frase que, extraída de los cánticos del Frente Atlético, usan periodistas y opinadores, para hacer ver que el Frente aún se vanagloria de aquel exceso de las normas del juego, de ese baile con convenciones fijadas antes de su comienzo y que, siendo así, no les honra como ultras que buscan el disfrute del coque. Más bien, que persiguen el daño y la humillación.

Razón no les falta. El cántico se extiende y se corrobora con una información por la que el hermano de Zabaleta se ve implicado en la cesión de una lonja al Comando Donosti de ETA (aquel que pilotó Kantauri y vio crecer al sanguinario Txapote, autor del asesinato de Miguel Ángel Blanco) para albergar artefactos listos para utilizar. Viendo los enfrentamientos del Frente Atlético –con estos dos muertos recientes- se extrae una especie de norma y persecución ya definida. 1) El tercereo y 2) el anti-independentismo. El primer punto estaría vinculado a lo meramente deportivo. Detrás de Madrid y Barça, surgen equipos, cada un tiempo relativo, que los hace sombra e, incluso, los derrota. Véase el Depor de aquella final de Copa del Rey en el Bernabéu, el Sevilla de las dos Uefas o el Atleti de la temporada pasada.

zEsa rivalidad por no perder el cetro de la, ya denominada, otra liga. En el punto segundo, entrarían movimientos ultras que inevitablemente respiran de ETA y de Resistencia Galega. Herri Norte estuvo en los juzgados por burlarse del asesinato, aún sin culpable, de Isaías Carrasco a manos de ETA. Peña Mújika utiliza, con relativa legalidad dada la popularización del eslogan (Pilar Bardem o Willy Toledo lo han portado), banderas que rezan Euskal Presoak. En hinchadas como la del Frente Atlético militan policías que han padecido –amigos, compañeros- la virulencia de ETA y, en su día a día, abrazan posturas reaccionarias de ultraderecha. De igual manera, y con una repercusión infinitamente menor, Resistencia Galega, en sus destrozos y movimientos, se enfrenta a justicia y policía.

Siempre desde unas convenciones establecidas por las propias hinchadas, el ultra es necesario. El ultra que acepte unas reglas del juego previas. Que en cada desplazamiento se vaya al bar del equipo contrario a emborracharse y provocar. Como una convención, como una norma. La formación o hinchada que cometa excesos que den al traste con el rito ceremonioso de un baile de final de curso es innecesaria. Le esperará su disolución a cargo de agentes externos o el necesario chivateo de aquellos ultras necesarios.  

@_puratura

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