Babe Ruth, historia del béisbol

Seguramente pocos intuirían allá por 1895 que en aquel barrio del suroeste de Baltimore había nacido el mejor jugador de béisbol de todos los tiempos. Mucho menos, cuando la infancia de George Herman Ruth tomó unos derroteros nada recomendables para un chaval de su edad. Sus padres no fueron el mejor referente para un joven que ya había probado alcohol y tabaco antes de los ocho años. Con su madre muerta por tuberculosis, su padre le envío al reformatorio St.Mary´s Industrial School for Boys. Allí entró en contacto el béisbol, allí mejoró sus prestaciones y encontró algo a lo que aferrarse cuando todos lo daban por un imposible. Allí, Jack Dunn, propietario de los Orioles de Baltimore, vio las cualidades innatas que poseía German y lo ficho. No le hizo falta mucho tiempo. Había nacido para triunfar.

Allí se ganó su apodo debido a su corta edad. “The Babe Ruth” fue el comienzo de un idilio que duraría toda la vida. Se convirtió en el lanzador estrella. Sí, por mucho que a Ruth se le recuerde por su bateo, en sus inicios brilló como un extraordinario pitcher. Solo permaneció cinco meses en Maryland. Los malos momentos económicos que atravesaba el club le valieron el billete directo a Boston donde ingresó en las filas de los Red Sox. Dicen que con talento se nace. Herman Ruth era un ejemplo de ello. Y lo iba a demostrar en su nuevo hogar.

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A pesar de ellos, sus inicios en los medias rojas no fueron todo lo bueno que hubiera deseado. Llegó en una época donde la gran cantidad de jugadores importantes de los Red Sox hicieron que Babe Ruth jugará en la liga menor gran parte de la temporada. Su físico alejado del estereotipo de deportista medio hacía que muchos dudasen de su potencial al llegar a Boston. Él presentó sus credenciales en el campo. Cuando tuvo la oportunidad respondió con creces y con el paso del tiempo se asentó como titular en la alineación de los Red Sox. Corría 1919 cuando Herman Ruth batió su primer récord. 29 home run en un mismo curso superando a Ned Williamson. La metamorfosis era total. El cambio había procesado con éxito cada uno de las etapas con éxito. El gran pitcher era ahora un extraordinario bateador. Un bateador que marcaría una época y cuya leyenda aún perdura.

En Boston Babe Ruth consiguió alzarse con tres series mundiales. Una hazaña que los Red Sox han tardado en repetir casi un siglo. Sin embargo, y cuando mejor iba todo, un giro inesperado de los acontecimientos terminó con Ruth en los New York Yankees. Los problemas económicos de los medias rojas fueron el principal motivo del que aún se considera como el peor traspaso de la historia del deporte en Estados Unidos y el principal motivo que acuna la rivalidad entre ambas entidades. Babe Ruth tuvo gran parte de culpa en la construcción de lo que a día de hoy supone hablar de los New York Yankees. Incluso la gran cantidad de gente que arrastraba a su paso hizo que el equipo se mudara a su actual emplazamiento, el Yankee Stadium. Ruth había llegado para triunfar. A algo más de trescientos kilómetros, en Boston, aún trataban de comprender como habían dejado escapar al mayor talento del deporte patrio en los últimos tiempos.

Su físico seguía estando muy lejos del de un deportista profesional. La fama de mujeriego, su sobrepeso, sus infidelidades a su primera mujer y el niño que tenía dentro y parecía no haber madurado hicieron latente un problema que el mismo asumió: su irresponsabilidad. A pesar de ello en Ruth siempre primaron las luces a las sombras. Y desde su llegada a Nueva York lo demostró. Él fue el primero en hacer un home run en la apodada como “La casa que Ruth construyó” en alusión al Yankee Stadium. Él trituró su propio récord de home run al realizar 54 en su nuevo equipo. Era una estrella, dentro y fuera del campo. Y disfrutaba con ello.

Para el recuerdo queda aquel momento de 1932 ante los Chicago Cubs. En el tercer juego, Ruth decidió demostrar que sus habilidades valían más que cualquier tema extradeportivo, que el talento que corría por sus venas a raudales era suficiente para él. Con la frialdad del que se sabe superior al resto, Babe Ruth señaló el lugar donde mandaría la pelota. Unos segundos después, su advertencia se convirtió en realidad. La bola acabó exactamente donde predijo Ruth. Fue una genialidad, una obra de arte al alcance de muy pocos. El mayor home run que jamás nadie había visto en el Wrigley Field, hogar de los Chicago Cubs.

Dos años más tarde Babe se retiró. Un físico cada vez más dejado eran un losa demasiado grande para competir en la élite. A sus 39 años, y con 708 home run anotados, Babe Ruth colgaba el bate. Su delicada salud terminó de empeorar cuando le diagnosticaron un cáncer inoperable en 1946. A pesar de ello, Ruth luchó con todas sus fuerzas para seguir adelante. Más convencido que nunca de que ese partido, su partido, lo iba a vencer. Pero no pudo ser. Dos meses antes de morir quiso despedirse del Yankee Stadium. Con su tres a la espalda. Con el número que los Yankees retirarían en su honor. Fue un momento francamente emotivo. Dos meses más tarde moriría el mayor talento de uno de los cuatro grandes deportes de Estados Unidos. Babe, la leyenda, se había ido para siempre. Para el recuerdo, su imagen afable con la que parecía tener todo bajo control. Era el mejor, y parecía saberlo. Algo al alcance de muy pocos.

@Adrimariscal

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