Hans Redl, un héroe que cambió las reglas

La Segunda Guerra Mundial fue un acontecimiento, como bien sabemos, de una repercusión, a nivel histórico, enorme. De ella se pueden extraer multitud de historias, historias en las que no solo abunda la pena y la desdicha, aunque son muchas por desgracia, sino que también, en numerosas ocasiones, es la gloria la principal protagonista. Sin ir más lejos así es cómo podría relatarse la historia de Hans Redl, ‘el manco de Viena’, tenista que tras luchar en el campo de batalla y perder uno de sus brazos pudo seguir compitiendo a primer nivel, a pesar de que en un principio no le permitían inscribirse en ningún torneo por ese mismo problema.

qqqq

Año 1914, Viena, en vísperas del estallido de la Primera Guerra Mundial, hasta entonces conocida como la Gran Guerra, nace Hans Redl, un personaje que no imaginaría que después del conflicto que tuvo que vivir en su nacimiento, años después habría una de dimensiones similares en la que él tendría que luchar, pero no sería para su país. Una adhesión involuntaria por parte de Austria al imperio nazi provoca que este joven tenista tenga que jugarse la vida por obligación para defender a una nación que no era la suya. En la batalla de Stalingrado, la derrota nazi que cambió el sentido de la guerra, fue uno de los pocos que sobrevivieron, pero no así su brazo izquierdo, dos balazos fueron los culpables.

Hans Redl, años antes de que su patria estuviese a las órdenes del soberano Hitler, formaba parte del mejor equipo de Copa Davis de la historia de Austria, junto a sus dos compañeros Adam Bavarowsky y George von Metaxa. Competirían juntos por última vez en un partido disputado en Munich frente a Alemania, en el que perdieron, y, desgraciadamente, no pudieron volver  a jugar juntos nunca más. La guerra se llevó la vida de sus dos compañeros. Una triste noticia que sólo le motivó para luchar por los que no pudieron estar junto a él. Nunca quiso que su discapacidad impidiese honrar la memoria de sus compañeros fatalmente fallecidos.  

Ya finalizada la guerra, el austriaco empezó a entrenar y a entrenar como un loco. Quería volver a jugar al tenis cuanto antes. No podía esperar más. Tuvo que aprender a sacar y a golpear la pelota sin ayudarse de su brazo izquierdo, ya que en un principio no sabía, pero tras largos meses de duro entrenamiento se vio verdaderamente capacitado para afrontar el reto. Sin embargo, cuando ya se disponía a combatir en la pista algo sucedió. Debido al reglamento existente entonces, su discapacidad le impedía competir en los principales torneos porque, según databa la regla número 16, para sacar era obligatorio ayudarse del otro brazo para lanzar la pelota, y él no disponía de ese otro brazo.

Dos meses antes de disputarse el torneo de Wimbledon, el tenista se plantó en Londres, esta vez directo al juzgado, con el objetivo de interponer una demanda y solicitar que se modificase el reglamento. Tras esto, el juez dictó sentencia en favor de Redl y un anexo a la regla 16, la cual no le permitía inscribirse, le otorgaba su gran oportunidad. Ya podía jugar y no iba a dudar en hacerlo. Wimbledon iba a ser su primer escenario. Había una gran expectación por ver cómo se las gastaría este valeroso deportista en el momento de la verdad, y es que no era para menos.

cc

Todos sabían que no ganaría  el Grand Slam y él mismo sabía perfectamente que el reto iba a ser más que complicado, pero pensaba luchar por ello. A pesar de su delicada circunstancia llegó a ganar sus partidos de primera y segunda ronda para terminar cayendo derrotado en octavos de final. Había caído, pero la gesta estaba ahí. Hans Redl era el hombre del que todo el mundo hablaba, su proeza ya se había hecho un hueco en la historia del tenis para la eternidad, no sólo por ser capaz de cambiar las reglas, también por su afán de superación.

Siguió entrenando y jugando como uno más y, de hecho, años después volvió a participar en una edición de Copa Davis representando a su país. Pero, tristemente, con el tiempo su carrera ya comenzaba a tocar fondo. Todos los años que se le pudo ver en la élite tras la guerra hubo algo que en ningún momento cambió, siempre tuvo  un recuerdo latente, el recuerdo de sus dos queridos compañeros, un recuerdo ya imborrable que perduraría por siempre en lo más profundo de su corazón.

@iggsuker1

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s