Laguna Seca, el ardiente asfalto de California

Imagínese un árido desierto, en tonalidades pardas y canelas, típico del paisaje natural de California. A su alrededor, tan solo se encontrará una cosa: soledad. No obstante, en el horizonte puede avistar un pequeño skyline que se asemeja al de un poblado del Viejo Oeste. La intriga se vuelve aún mayor cuando sus capacidades olfativas perciben un extraño olor a goma quemada. Podría deberse a un duelo entre dos forajidos pistoleros recién salidos del Saloon, pero no. El sonido de un descomunal derrape le hace pensar otra cosa. Lo que usted está divisando en el ardiente horizonte no es un poblado más colmado de viejos vaqueros, es Laguna Seca, el mítico circuito donde la goma de los neumáticos se entremezcla con el polvo del desierto. 

La muerte del piloto Ernie McAfee en las curvas de la ciudad de Monterrey en 1956, durante la famosa carrera Del Monte Trophy, fue el preludio a la construcción de Laguna Seca un año después. El terreno elegido para la cimentación de la pista fue el Rancho de Laguna Seca, una extensión desértica de ochenta kilómetros cuadrados alejada de la costa oeste estadounidense. Su primer propietario fue el General mexicano José Figueroa, que al igual que el malévolo personaje de Rafael Montero en La máscara del Zorro, era el Gobernador Territorial de la Alta California.

Pero, ¿quiénes fueron los promotores de esta construcción? Nada más y nada menos que los jóvenes alistados en el Ejército de los Estados Unidos. En concreto, los soldados destinados en Ford Old, un antiguo fuerte situado en la bahía de Monterrey que sirvió como campo de maniobras hasta el año 1994. Estos hombres se dedicaron a recaudar, entre empresarios y aficionados al motor, el millón y medio de dólares –de los de entonces, imagínense al cambio actual a cuánto ascendería la cifra- que costó la creación de este coloso de la velocidad y la adrenalina.

Laguna Seca

El 9 de noviembre de 1957, cuando se celebró la primera carrera en Laguna Seca, el asfaltó se tiñó de rojo. Y no precisamente por una alfombra del mencionado color, no. Ya sabe usted que eso se lleva más en la vecina ciudad de Los Ángeles, cuando el Dolby Theatre se pone guapo para recibir a los ganadores de los Óscar. El color rojo impregnaba la carrocería del Ferrari Testa Rossa que pilotaba Pete Lovely y que se hizo con la primera victoria en Laguna, superando a pilotos de la talla de Carol Shelby, Jim Hall y Ginther Richie.

Desde ese año, el trazado del circuito californiano ha experimentado numerosos cambios en su más de medio siglo de vida. Temporada tras temporada se busca que la seguridad sea el eje fundamental del circuito y las posibilidades de sufrir un percance al volante disminuyan. Sin embargo, la cercanía de los muros a la pista le sigue dando a Laguna ese plus de peligrosidad e incertidumbre. En la actualidad el circuito tiene una longitud de 3,602 km, un recorrido bastante corto pero lleno de emoción en cada vértice de sus curvas.

Y si hablamos de curvas en Laguna Seca, mención aparte tiene una de las más bonitas y peligrosas del mundo, el Sacacorchos, un giro extremo de izquierda a derecha con una pendiente de un 12% de desnivel entre ambas curvas, y con una caída de 59 metros. Sin lugar a dudas, la entrada en el Sacacorchos es lo más complicado, ya que se llega a él a alta velocidad y la primera curva de izquierdas es ciega. Se toca el vértice, y en bajada te tiras al siguiente vértice de la curva de derechas. Un lugar en el que solo tienen cabida los más valientes del Viejo Oeste. 

Pedrosa Laguna Seca

Si buscamos el récord de la pista tenemos que asociarlo a la hermana Francia, ya que el 10 de Marzo del 2007, el galo Sebastien Bourdais rodó con su Champ Car en unos entrenamientos oficiales en 1:05,880 y hasta el momento nadie ha conseguido derrocarle. Casi nada. Por su parte, el coche de serie más rápido en el asfalto de Laguna Seca es el Dodge Viper SRT/10 ACR con un tiempo de 1:33,92. De serie, por decirlo de algún modo, puesto que una obra de la ingeniería como es el Viper STR nada tiene que envidiar a muchos bólidos de carreras.

Laguna Seca es un lugar muy transitado cada día. Revistas del motor, elección Miss Laguna Seca, grabaciones de videojuegos y películas, entrenamientos para pilotos privados y competiciones ciclistas forman parte del calendario de las decenas eventos de este magnífico circuito. Hasta el Papa Juan Pablo II celebró allí una misa para 72.000 personas en 1987. Un lugar donde se respira la pasión por el deporte del motor.

Las películas del Viejo Oeste nos evocan aquellos poblados en los que los experimentados pistoleros se batían en duelo tras una ardua discusión a la salida de la barbería o el Saloon. Lamentablemente para los cinéfilos, esas escenas solo las podrán encontrar en los clásicos de indios y vaqueros. Sin embargo, en el ardiente desierto de California, aún siguen produciéndose duelos entre hombres en los que la honra está en juego. Las pistolas son cosa del pasado. Ahora, en la árida llanura, mandan los motores.

@Juanjo_93CC

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