Muertes sobre dos ruedas

Desde 1950, el motociclismo de competición nos ha dejado numerosos fallecimientos. El más reciente fue el de Marco Simoncelli en octubre de 2011. A continuación repasaremos algunas de las muertes que han tenido lugar en los circuitos.

Una moto de la categoría reina puede llegar a alcanzar los 350 kilómetros por hora, y su peso no baja de 160 kilogramos, más el peso del piloto. Estos datos provocan una inercia brutal que los competidores experimentan en cada gran premio. Hay ocasiones en las que el cuerpo del conductor no puede controlar su potente máquina, la mayoría de ellas acaba en un susto sin ninguna importancia y que forma parte del día a día de la competición. Pero en otras ocasiones el azar convierte estos accidentes en tragedias y la sombra de la muerte se hace visible en el circuito.

Si hablamos de muerte y motociclismo, lo primero que se nos viene a la cabeza es el circuito de la Isla de Man, localizada entre las dos grandes islas de Gran Bretaña. Allí han perdido la vida más de 240 pilotos desde que un grupo de aficionados a las dos ruedas rodasen por los enrevesados caminos del lugar en el año 1907. Fue en este trazado donde un borracho de pub norirlandés se convirtió en leyenda. Joey Dunlop llegaba en su caravana poco antes de la carrera, descargaba su moto y echaba a rodar. No sólo echaba a rodar, sino que era el que más rápido lo hacía. Sin embargo, no fue en la Isla de Man donde la vida de este temerario personaje terminó, sino en Tallin. En el año 2000, Dunlop falleció en el impronunciable circuito estonio de Pirita-Kose-Kloostrimetsa. La admiración que se tenía por el piloto dio lugar a que unas 50.000 personas fueran a su funeral. Esta imagen pasó a la historia de las dos ruedas.

cc

Otro accidente mortal que nos tocó más de cerca a los españoles fue el de Noboyuki Wakai, un piloto japonés que perdió la vida en Jerez, tras arrollar a un invitado en el pit lane. El nipón fue homenajeado con la construcción de una escultura del animal con el que se le identificaba, un flamenco, que ahora preside la entrada al Circuito de Jerez.

De la misma procedencia y con el mismo final, Daijiro Kato nos dejó en  el año 2003. La tragedia fue aún mayor, si cabe, porque sucedió en su país natal. El Gran Premio de Suzuka era la prueba inicial del campeonato aquel año, un Mundial que no pudo tener peor inicio.

La más reciente de todas estas tristes historias es la de Marco Simoncelli, que murió en Malasia en 2011. El impactante accidente se produjo cuando el italiano cayó de su moto a la salida de una curva. Nada pudieron hacer Colin Edwards y Valentino Rossi, que marchaban justo detrás, para evitar pasar por encima del malogrado piloto. La imagen del casco de Marco rodando por el trazado de Sepang ilustra la gravedad del choque.

Motociclismo y muerte van de la mano. Es imposible evitar por completo el riesgo de accidente mortal en un deporte como este, en el que el cuerpo del piloto puede salir despedido en cualquier momento con una inercia descomunal. Aun así, en los últimos veinte años se ha reducido notablemente el número de víctimas gracias a las innovaciones en las protecciones y los protocolos de seguridad de los circuitos.

@rosadito14

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