Guillermo Vilas, pasión argentina

Su melena le hacía, quizás, más cantante de rock. E incluso precursor del movimiento hippie de principios de los 60. Su cinta, su pelo en el pecho y las piernas, desprendían ese aroma libertario y pacifista de aquella época. Pero no. Nada más lejos de la realidad. Aquel argentino, zurdo, de físico privilegiado, se decidió por la raqueta y se convirtió en la mejor representación tenística de un país acostumbrado a vibrar con los suyos. Lo hipotecó todo al tenis. Incluso sus estudios de Derecho. Willy tenía un sueño desde que se enfrentaba a él mismo en el frontón de su Mar de Plata. Un sueño que acabó siendo el de millones de argentinos.

Tras dar sus primeros pasos en el club náutico, Vilas, excelente alumno dentro y fuera de las pistas, empezó a tomarse enserio eso de la raqueta. Felipe Locicero fue su primer mentor. Quien le enseñó que existía un mundo más allá de aquel frontón donde pasaba horas y horas. Empezó a ganar. Tanto, que a los once años era el momento de dar un paso más en su carrera. Con paso firme. Colonizando nuevas tierras de la mano de Juan José Vázquez quien, con sólo quince años, lo llevó a Buenos Aires. De lunes a viernes, escuela en Mar de Plata. Fines de semana, entrenamiento en la capital. Su principal aval. Lo que le llevó más alto que al resto. Sus incontables horas de preparación en una pista.

ccc

Su primer gran triunfo llegó de rebote. En una versión del campeonato sudamericano de 1967, Willy fue llamado a última hora por la baja de Enrique Huss. Disputó el dobles, y lo ganó. Era el mejor escenario para comenzar a hacerse grande. Él lo sabía. Y en los dos años siguientes, entrenando ya regularmente en el Lawn Tennis Club de Buenos Aires, Vilas se proclamó campeón en singles. Ya era el número uno de su país. Era el momento de fiarlo todo a una carta, esperar que saliese cara y demostrar a Europa que tenía tenis de sobra, que sus triunfos y logros no habían sido fruto de la casualidad.

Pero ningún inicio es fácil. Tras dos años por América, Willy dio el saltó al viejo continente con el dinero ahorrado durante esos años en su tierra. Debutó en Roma frente a Jaime Pinto Bravo. Un doble 6-0 en contra y la sensación de que aquello se ponía serio. El nivel de dificultad había crecido y le había pillado por sorpresa. Pero Vilas no lo tomó como una derrota, si no como lección. A partir de ese momento, empezó a competir en torneos de menor prestigio y volvió a saborear las mieles del triunfo. Y a conseguir el dinero que tanta falta le hacía para competir en el circuito profesional. La máquina argentina estaba terminando de engrasarse, de configurarse, de acechar a las mejores raquetas de la época.

Y llegó su eclosión definitiva. En su país. Ante los suyos. En una comunión perfecta con la gente que manejaba como pocos. Fue su primer título. Enfrente, su rival más acérrimo, el sueco Bjorn Borg. Era 1973, y Willy ya era una realidad que constituyó un año después ganando la copa Masters en Australia. Un año antes, perdió su primera final ante Connors. Se codeaba con la élite. Porque él era élite. Todo lo que le rodeaba ya tenía esa aurora distinta y especial.

Despegó. Ya no tenía techo. El movimiento de su melena en cada golpe desde el fondo de la pista, su mítico Gran Willy, su agresividad y su físico envidiable ya eran inconfundibles. Se disfrazó de número 1 en 1977 tras ganar cincuenta partidos consecutivos, Roland Garros y el US OPEN, aunque un error en el cálculo de puntos nunca le dio ese reconocimiento. Dos años antes, llegó a su primera final de Grand Slam. En su superficie preferida. En la arcilla que tantas alegrías le dio. Frente a Borg. Perdió. Como la mayoría de veces ante el sueco. Ese mismo año, ganó cinco torneos y perdió dos finales más. Ya era un asiduo de las últimas citas de los torneos, y un suplicio para quienes se enfrentaban a él.

Vilas siguió ganando. Dos años seguidos el Open de Australia y diferentes torneos. Aunque siempre tuvo un debe en su cuenta. Se le resistió la catedral del tenis mundial. El All England Club. La hierba londinense en la que nunca pasó de cuartos de final. Su estilo de juego no se adaptaba bien a la velocidad de la hierba. Willy no podía imponer sus golpes con altura y sufría. Y de qué manera.

Otro de las muecas de su culata es la Copa Davis. Vilas defendía los colores de su nación con orgullo. Con pasión y bravura. Fue quien más partidos ganó para Argentina, quien más venció en individuales, el jugador con más series disputadas con la albiceleste. Argentina entera se sentía identificada con Willy, y él soñaba con convertir a su nación en campeona. Estuvo a punto de lograrlo en 1981. Pero McEnroe fue demasiado para Vilas y Clerc, que trataron de asaltar Cincinnati aquel diciembre.

Pero su luz se apagó paralelamente a un físico que ya no era suficiente para competir frente a los mejores. Se retiró en 1989, pero seguía teniendo ese olor a arcilla, a encordado y a competición. Por eso regresó en 1992 en busca de una retirada digna que no tuvo tres años antes traes sucumbir en Roland Garros 6-1, 6-3 y 6-4 con el italiano Claudio Pistolesi. Vilas, el mayor sinónimo de competición de entonces, ya no estaba para esos trotes. Y abandonó. Con la cabeza bien alta. Habiendo sido mucho más que un jugador de tenis. Convirtiéndose en algo más que sus sesenta y dos títulos o sus cuarenta y dos finales.

Decía el propio Willy que, por suerte, Dios le hizo tenista. Frase que la mayoría de argentinos acogerían como propia. Sin duda. Él produjo una revolución, un viaje sin billete de vuelta para un deporte que se instaló en el corazón de su nación. Saltó a la primera plana mundial. Se convirtió en la imagen de miles de jóvenes que querían ser como él. Ellos descubrieron el tenis gracias a Willy. Y no había mejor ejemplo al que parecerse. Fue pionero, imagen de una nación, la mejor raqueta que nunca ha visto la República de Argentina.

@Adrimariscal

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s