La carrera más triste

La temporada de Fórmula 1 de 2005 nos ofreció, aparte del primer campeonato conquistado por Fernando Alonso, la carrera más extraña de la historia de este deporte. En el Gran Premio de Estados Unidos celebrado en Indianápolis sólo tomaron la salida seis monoplazas.

Indianapolis Motor Speedway y la curva 13

El trazado, situado en el centro del estado de Indiana, es el recinto deportivo con mayor capacidad del mundo, con casi 260.000 plazas disponibles para el público. En los últimos años, aquí se disputaron pruebas de los mundiales de Fórmula 1 y motociclismo, y actualmente se celebra la prueba de automovilismo más popular en el país norteamericano, la Indy 500 (500 millas de Indianápolis).

Centrándonos en la F1, el circuito albergó el United States Gran Prix desde 2000 hasta 2007. Como curiosidad, destacan las cinco victorias de Michael Schumacher en las ocho ocasiones que se rodó aquí, y la incapacidad de Alonso para ganar en un lugar que no debe estar entre sus favoritos.

La “ovalada” es la única de las cuatro esquinas que utilizó la F1 del trazado primitivo, las curvas 12 y 13 se tomaban con el acelerador a fondo y la adherencia era vital para mantener el coche en la trazada, ya que había una ligera inclinación que dificultaba aún más el giro. Para mayor emoción, era la última parte del circuito y derivaba en la recta de meta. En el año 2005, esta curva del Indianapolis Motor Speedway pasó a ser mucho más popular y polémica.

¿Seguridad o espectáculo?

Es obvio que gran parte del éxito que tiene el deporte de motor entre el aficionado se debe al alto riesgo que supone alcanzar semejantes velocidades en un vehículo. Cuanto mayor es el peligro, mejores las audiencias. Si las audiencias suben, el dinero crece. En resumen, cuanto más peligro corran los pilotos, más dinero ganan, ellos y sus jefes.

Pero hay veces que en este mundo de temerarios hay que mantener la cabeza fría y dejar que la razón prime. Así lo hizo la marca Michelin en 2005, advirtiendo a los catorce pilotos que “calzaban” sus neumáticos del alto riesgo que suponía tomar la curva mencionada anteriormente. El novedoso cambio de la normativa por parte de la FIA no permitía cambiar las ruedas durante la carrera, algo que perjudicaba mucho a los Michelin, así como la reciente pavimentación del asfalto del circuito de Indianápolis.

Tras ver como muchos pilotos acababan chocando contra las protecciones en este punto durante los entrenamientos libres y oficiales, los equipos intentaron solucionar este embrollo, pero el organismo de mayor poder en la Fórmula 1 no accedió a la propuesta, que consistía en cambiar la susodicha curva por una chicane, alegando que no había tiempo para llevar a cabo una modificación tan relevante sin que esto afectase a la seguridad y a los protocolos de actuación en caso de accidente. Las palabras de Flavio Briatore resumían la postura de los siete equipos Michelin: “No voy a arriesgar la vida de mis pilotos por el espectáculo”.

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Así se llegó al domingo, con la incertidumbre de saber si se disputaría la prueba o no. Todos los pilotos formaron en la parrilla y dieron la vuelta de calentamiento. Pero tras ella sólo los seis Bridgestone permanecieron en pista. Así pues, el extraño Gran Premio de Estados Unidos 2005 lo disputaron, en orden de llegada, Michael Schumacher, Rubens Barrichello, Tiago Monteiro, Narain Karthikeyan, Christijan Albers y Patrick Friesacher.

Consecuencias del esperpento

Este desaguisado le salió bastante caro a la FIA. El mercado norteamericano es uno de los más rebeldes para este deporte, seguramente porque tienen muchas otras citas de motor que están muy asentadas en la tradición del país, y ya saben cómo son los estadounidenses con sus tradiciones. El circo que se montó desagradó a todas las audiencias, y acabó con la desaparición de esta prueba del mundial dos años más tarde. En España, la cadena Telecinco interrumpió la emisión en la vuelta 23 en señal de protesta, y la emitió en su canal La Siete, que por aquel entonces era de pago.

Para Michelin también fue un contratiempo importante, ya que gran parte del público señaló a la firma como culpable por no fabricar unos neumáticos adecuados para esta ocasión. Con la intención de minimizar los daños y no perder prestigio, la marca francesa intentó reembolsar el importe de la entrada a la mayor parte posible de los asistentes, así como invitar a algunos otros a asistir el año siguiente a la prueba.

Las consecuencias deportivas fueron menores. Michael Schumacher dio un paso de gigante hacia el tercer puesto del campeonato. Ni Alonso ni Räikkönen, quienes se disputaban el mundial aquel año, participaron en la prueba, por lo que la clasificación permaneció intacta.

ssss

@rosadito14

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