Villeneuve y Zonta, apuesta temeraria

– Oye Zonta, ¿a que no tienes lo que hay que tener para subir Eau Rouge pisando a fondo?

– Ni tu tampoco Jacques.

– Mañana a ver quien se atreve a hacerlo compañero.

No hay testimonio de como fue la conversación, pero algo así debieron decirse Jacques Villeneuve y su compañero del equipo British American Racing, Ricardo Zonta en 1999 antes del Gran Premio de Bélgica. La apuesta fue lanzada y tomada, el viernes ambos pilotos destrozaron sus monoplazas uno después del otro en el legendario trazado de Spa-Francorchamps.

El primero fue el canadiense, que el día anterior ya había sufrido un susto cuando se le rompió la suspensión delantera y el año pasado había protagonizado un accidente en la misma curva con un Williams. Esta vez le tocaba pagar la factura al equipo BAR, y por duplicado. Villeneuve doblaba la primera curva y encarrilaba la recta que conduce a una de las más míticas curvas que el ser humano haya podido diseñar para deleite de piloto y del espectador, Eau Rouge. Una curva en subida con giro a izquierda, luego derecha y finalmente a izquierda, que da paso a una recta. Con su pie empujando el acelerador hasta el otro lado del globo terráqueo, enfiló la curva a más de 250km/h logrando superar el primer giro, no así el segundo. El resultado es Jacques saliendo despedido contra las protecciones de neumáticos y veinte minutos de pausa para recolocarlos.

jacques

Turno de Zonta tras la reanudación y mismo resultado con distinto recorrido. Esta vez Ricardo pierde el control saliendo de lado contra las protecciones de la izquierda, da una vuelta de campana y rebota al otro lado de la pista, girando descontrolado como si de una peonza de millones de euros se tratase. La cara de incredulidad y sorpresa que se le quedó del jefe de equipo Craig Pollock lo dijo todo.

Ambos pilotos salieron por su propio pie, ilesos, un milagro si se ven las imágenes de la temeridad. Temeridad porque en aquellos años hacer esa curva a fondo no era posible, ni lo sería hasta años después con la mejora de los coches. Inconsciencia por parte de Jacques Villeneuve, quién había perdido a su padre Gilles en 1982, en el mismo país pero en distinto escenario, Zolder. Se podría pensar que eran locos sin miedo, pero hay que tener en cuenta que para ser piloto de Fórmula 1, a veces hay que dejar el miedo en el box y salir a por todas. Cinco años atrás había fallecido Senna en Imola, el último piloto hasta la fecha, lo que había provocado la mejora de la seguridad, algo que quizás ayudo a que estas lineas versen sobre una apuesta de gallitos que quedó en anécdota y no en tragedia.  Porque a día de hoy, no olvidemos que sigue ingresado un joven piloto francés llamado Jules Bianchi, que por una serie de catastróficas desdichas y un cumulo de mala suerte, ahora lucha por salir de una grave lesión cerebral. #ForzaJules.

@Davidnavallica

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